Malas fotografías

Publicado el 22 julio, 2019
Categoría: Convivencia
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Nuestra mente es selectiva. No percibimos, no nos damos cuenta, no recordamos todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Se dice que incluso cuando decidimos, buscamos los hechos que apoyan lo que allá en lo profundo de nuestro ser nos inclinamos a decidir. Drucker tiene una frase sensacional: dime lo que quieres y te diré dónde encontrar los hechos que lo apoyen.

Nuestras interacciones con los demás dejan huellas que son como fotografías de síntesis de esas experiencias. Si a alguien no le tenemos mucha paciencia, solemos poner en las primeras páginas de ese álbum las experiencias negativas. Y lo contrario hacemos con aquellos para quienes tenemos buena actitud.

Hoy, con el ilimitado número de fotografías que podemos tomar con nuestros teléfonos, nos vemos obligados a eliminar muchas de ellas, para quedarnos con las mejores. Pienso que lo mismo deberíamos hacer con los registros de las experiencias de los intercambios con otros. Las personas quedan mal en una fotografía por diversas razones, y lo que hacemos es que sencillamente eliminamos las que nos parece que no los representan con exactitud, como las que quedan “movidas”.

¿Esa persona que nos provocó a tener con ella un irritante intercambio, bajo cuáles circunstancias lo hizo? A veces las personas simplemente están de mal café. O tuvieron la mala suerte de quedar “movidos”. A veces enfrentan circunstancias mucho más poderosas para estar poco corteses, hipercríticos o hirientes. Hay un cierto morbo que nos lleva a coleccionar estas escenas desagradables, pero miremos sus riesgos. Primero, podemos poner distancia con una persona de cuya cercanía nos podríamos haber beneficiado. Segundo, si nos hacemos expertos en poner distancia, podríamos depauperar nuestro entorno psico-social. Tercero, los recuerdos infaustos producen estrés. Hoy se dice que nuestro cerebro no diferencia mucho entre una experiencia y el recuerdo de una experiencia. Así que coleccionar la experiencia negativa es dejarse dentro de sí la posibilidad de estar teniendo, a pedido, una descarga de cortisol, cada vez que la recordamos.

Otra buena práctica es descongelar esos álbumes. Podemos tener a fulanito en nuestra lista de personas non gratas ¿Por uno o por pocos eventos? ¿Dejamos abiertas vías para que fulanito salga de ese calabozo? Parece sensato pensar que alguien pudiera compensar un mal evento con varias buenos experiencias. Las relaciones interpersonales son de una riqueza tal y de un significado tan importante para nuestro bienestar y crecimiento, que deberíamos contar con un procedimiento para sacar personas de las mazmorras, una especie de jubileo periódico o mejor, permanente, para perdonar las deudas.

Dándole la vuelta al razonamiento, se sabe que una de las formas de mejorar nuestro nivel de felicidad, es sentir agradecimiento. (Busquen en la red a Martin Seligman). Si en vez de mantener el álbum de malas experiencias, tuviéramos uno de eventos o personas por los cuales estar agradecidos, estaríamos cultivando esta fuente de bienestar.

 

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2 Comentarios
  1. Agradecer el concejo, creo en las segundas oportunidades, pero se necesita mucha disciplina emocional para superar algunas situaciones que a veces nos dejan huellas negativas y que existe el peligro de que se nos convierta en un mal hábito y estar muy atentos para que nada ni nadie desdibuje nuestra sonrisa mental para que se refleje en la cara física el vivir dichoso y feliz.

  2. Primero, transcribo una frase anotada en el preámbulo de una edición del Quijote de la Mancha: La ficción y la vida. “La ficción va contaminando lo vivido y la realidad se va gradualmente plegando a las excentricidades y fantasías de don Quijote”. La “novela” se debate entre dos personalidades, la de Sancho Panza (“realista”), y don Quijote (“ilusoria”…). Al final se intercambian las perspectivas personales.
    Hay una “cámara”, que, con toda seguridad tenía Cervantes a la mano, y, es nuestro cerebro. Es cierto, esa “cámara” es selectiva, pero, por suerte o por perjuicio, todo lo mantiene, y, según la motivación o estímulos, saca a relucir esa evidencia. El olvido, es algo temporal y asociado a lo “selectivo”.
    Uno de esos olvidos es que estamos e interactuamos para “mejorar nuestro nivel de felicidad”, y la de los demás. “Las relaciones interpersonales son de una riqueza tal y de un significado tan importante para nuestro bienestar y crecimiento…”, que, me atrevo, por atrevido, a extraer: no hay experiencias malas o satisfactorias, y, por lo tanto recuerdos buenos o malos; simplemente son eso vivencias dadas para aprovecharlas en acrecentar nuestra felicidad personal y colectiva. Aparte, las “personas tóxicas” cuya ocupación es coartar la de ellas y la de los demás; esas requieren un tratamiento especial para neutralizarlas. A veces, por eso, fallamos.
    El Quijote nos lleva a escenarios de ese tipo, y nos enseña el precepto, a veces olvidado, de la felicidad. Bueno, entre precepto y consejo .

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