Pensamiento inadecuado, soluciones imperfectas

Publicado el 15 julio, 2019
Categoría: Creatividad
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El principal problema con los problemas, es no detectarlos. Esto dijo Russell Ackoff hace mucho tiempo. El problema silencioso que nadie ve es una seria amenaza.

Luego viene el debido planteo del problema. ¡Cuánto nos equivocamos señalando como problemas lo que no son sino hechos¡ Que los estudiantes o los traileros estén descontentos no es un problema. Eso es un hecho. Así que mejor removamos todo lo que hay que remover para hacer un buen planteo del problema, tema muy complicado y que no queremos tratar ahora.

Ahora de lo que queremos tratar es de unas arenas movedizas en las que nos metemos con frecuencia a la hora de plantear y resolver problemas: dejar que el problema nos sugiera la solución. Si el fusible se fundió, cambiemos el fusible, cuando lo que habría que hacer es buscar el cortocircuito.

Pongo el siguiente ejemplo con respeto porque supongo que mucha gente ha pensado en esto con seriedad. Si los pescadores se quejan, bajemos el precio del pescado para que suba su demanda. ¿Es esta la mejor opción de solución? En el pasado, una solución sugerida por el problema, fue la de entregarles combustible subsidiado. Todos recordamos que se descubrió que algo de ese combustible se dedicaba a actividades non sanctas ¿Por qué no preguntarnos por ejemplo, si algunas inversiones públicas de alto beneficio-costo podrían crear un entorno más propicio para los pescadores? En algunos países la pesca se transformó en pastoreo de alta productividad, mediante granjas piscícolas.

En esto deberíamos seguir las buenas prácticas de la medicina. Si te duele la cabeza no te ponen una inyección en la cabeza. El médico tiene muy clara la diferencia entre lo que es tópico y lo que es sistémico. Si tienes una infección en un brazo, ungüento en el brazo es una solución tópica (topos = lugar). Una inyección de antibiótico en el glúteo es una solución sistémica, es decir que combate la infección a través de funciones de los sistemas sanguíneo e inmunológico.

También el mecánico que nos ve el automóvil sabe que el alto consumo de combustible puede no originarse solo en el carburador, sino que podría tener que ver con el estado y presión de las llantas. Pero si caímos en las arenas movedizas de dejar que los síntomas nos dicten las opciones de solución, correremos a cambiar el carburador, tal vez, víctima inocente de un mal diagnóstico.

¿Y cómo podríamos tratar estas deficiencias de los procesos de solución de problemas y toma de decisiones? No nos casemos con la primera idea que viene a nuestra mente. No busquemos la causa. Busquemos las causas. Mantengamos una actitud de búsqueda. Tener un problema es tal desequilibrio, que solemos agarrarnos a los diagnósticos y a las soluciones movidos por la ansiedad en unos casos y hasta por la desesperación en otros, y a detener la sana indagación que deberíamos seguir haciendo. Por eso, una vez que sentimos que tenemos claro el problema, o que imaginamos una solución, va a costar mucho que nos salgamos de ahí. Por eso es recomendable, antes de plantear el problema y de pensar en soluciones, dedicar tiempo a reconocer cómo interactúan los diferentes elementos del problema, de los actores y de las posibles soluciones. Eso en parte, es lo que llamamos pensamiento sistémico.

Esta no es una receta solo para gobernantes. También para todos los que en las empresas toman decisiones. Para quienes trabajan por su cuenta. Y para personas en general. Realmente no me explico cómo un nano-curso formal al respecto, el cual no toma más de veinte horas, no forma parte de la educación de todos.

 

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