Rayos, centellas y cielos despejados

  1. Es sano que los habitantes den a conocer su malestar. Debería ser innecesario. Un buen gobierno ha de saber leerlo y comunicar a la población que lo ha entendido, no solo diciéndoselo sino dando muestras de que se ocupa de ello. Eso debe ser parte del diálogo. Pero esto, lo reconozco, es más fácil que lo diga alguien como yo en la tranquilidad de mi escritorio, a que lo ejecuten los gobernantes cuya tarea es compleja y demandante.
  2. No se puede gobernar desde las calles. Nuestra forma de organización requiere de unas elecciones y un ejercicio razonable del poder que dan esas elecciones.
  3. Que alguien intente poner en jaque al gobierno, no debería preocupar solo a sus autoridades. Todos deberíamos sentir que se amenaza la forma de convivencia que nos permite vivir razonablemente bien.
  4. Debe subir el costo para quienes subvierten el orden. Bloquear una carretera no le debería salir gratis a los bloqueadores. Como no sale gratis a quienes arengan protestas injustas: esos pagan un costo en desprestigio y debilitan a los mismos movimientos que dicen representar.
  5. La reforma fiscal, creo que nos incomoda a todos, pero es lo que debió haberse hecho desde hace 20 años. No deben abrirse espacios para debilitarla. Y debe ser complementada con reformas al empleo público, importante raíz de los desequilibrios fiscales. Sin olvidar que también hay otras raíces que atender.
  6. En el mundo está en marcha la Cuarta Revolución Industrial. Si los operadores de vehículos de tracción animal le hubieran ganado el pulso al tren, la humanidad hubiera perdido siglos de bienestar. No dejemos que por ejemplo los traileros, le ganen el pulso al tren del Norte del país. Ni que nadie quiera con coacciones, impedir el avance de aplicaciones de la economía colaborativa (transporte, alojamiento, etc)
  7. El país necesita ciudadanos vigilantes. No todos lo somos siempre. Y con ello, dejamos el espacio para ser ocupado por agitadores imprudentes. Debemos mejorar nuestra forma de vigilar.
  8. Tenemos que utilizar tests que nos permitan distinguir cuándo los clamores de grupos defienden intereses nacionales y cuándo intentan sostener privilegios gremiales o personales. El interés nacional, es una cancha nivelada. Sin privilegios. Sin monopolios.
  9. Los partidos políticos son piezas fundamentales de nuestra vida institucional. Pero hace tiempo que equivocaron el rumbo. Mantengamos su existencia pero superémoslos a base de iniciativas personales. Así como no es prohibido aprender fuera de la escuela, que no sea prohibido contribuir nacionalmente desde fuera de los partidos.
  10. La nación somos todos. Ni el gobierno puede resolvernos todos los problemas. Ni el hecho de ser gobierno le da derecho a ser sordo. La investidura no es unción. Quienes gobiernan tienen autoridad y responsabilidad. Pero no se deben sentir infalibles.
  11. No a todos nos va igual. Unos tienen un bienestar y una riqueza mayor que otros. Eso es parte, si se quiere, de la dura realidad, pero intentar cambiarlo por el igualitarismo, nos perjudica a todos. En una sociedad solidaria, hay que tener sensibilidad por las desigualdades, por la exclusión y por las emergencias que afectan a personas y grupos. Todos debemos ser realistas, pero aquellos a quienes nos va bien, debemos ser sensibles con aquellos a quienes les va mal.
  12. Debemos crear mecanismos que abran las oportunidades al mayor número. Eso tiene como corolario que tenemos que luchar para que la pobreza no sea heredable.
  13. La mejor forma de manejar las desigualdades es a través de una educación que faculte para el aprovechamiento de oportunidades. Nuestro sistema educativo mal distribuye esa facultad porque en la educación escolar y colegial, educa mejor a los que más tienen.
  14. Otra forma consagrada en el país para manejar desigualdades, es la seguridad social. ¿La valoramos como cimiento? ¿Estamos dispuestos a hacer sacrificios por ella?
  15. Las empresas podrían desarrollar programas de ganar-ganar. Por ejemplo capacitar a sus colaboradores para que sean más eficaces y apoyarlos para que difundan y apliquen estos conocimientos en sus familias. Eso beneficiaría simultáneamente a la empresa y a la familia. O cultivar los programas ya existentes de “cero pobreza” entre los miembros de su personal.
  16. Modificar la realidad requiere de esfuerzos de todos: si queremos más bienes públicos, tenemos que pagarlos con impuestos.
  17. Es valioso dialogar, pero no todo diálogo nos ha de dejar contentos. Dialogo con el médico pero a veces no quedo contento con lo que me demuestra. Es deseable negociar, pero la negociación tiene restricciones. Que llegar a los callejones sin salida del diálogo no nos convierta en enemigos. Ni reconocer lo que no es negociable nos lleve a la guerra.
  18. No nos cansemos de dialogar. Pero tengamos claro que un diálogo no son dos monólogos. El diálogo debe obedecer a claras reglas de juego.
  19. Dejemos de ser imprevisores. La imprevisión nos ha traído hasta aquí. Pensamos que hay problemas que se resuelven solos o que el lobo nunca llegará. O no aceptamos con realismo que la solución de muchos problemas futuros demanda inversiones hoy. Y las inversiones son multidimensionales: económicas, emocionales, políticas, de energía y rigor personales. Como toda inversión, consisten en entregar hoy un poco de bienestar, a cambio de un futuro mejor y más estable.
  20. La mayor imprevisión es la falta de una visión nacional amplia, operativizada en políticas de estado.
  21. No mintamos. No difundamos mentiras. Eso dificulta la vida en comunidad. Y la puede llegar a hacer imposible.
  22. No nos disparemos en el pie: malograr exportaciones, incomodar a turistas es hacernos daño como país.
  23. Cultivemos la esperanza de que en un cierto grado, todo es mejorable. Cuidemos la institucionalidad con esmero, pero no olvidemos que nuestro sistema centenario es resiliente.
  24. El sistema socio-político perfecto no existe. En el mundo físico, la gravedad y la fricción nos imponen restricciones. No somos una nación de ángeles. Magnificar los defectos, desesperarse por ellos, añorar melancólicamente el pasado, nos perjudica. Vamos hacia delante, dispuesto el ánimo, a enfrentar con vigor las nuevas circunstancias.
  25. Imagino a esta maravillosa nación como un bordado. Al derecho, vemos lo que han ido construyendo todos aquéllos cuyos nombres registra la historia. Nosotros los de a pie, vamos acomodando los hilos en el revés: laboriosamente, amorosamente, tan inteligentemente como nuestras neuronas nos lo permitan. Sigamos haciéndolo con perseverancia. Sin ignorar que andan por ahí, quienes olvidando el bordado, están más interesados en descoser.

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