Cociente de adaptabilidad

Publicado en La Nación el 8 abril, 2019
Categoría: Cambio
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Hace años le dábamos elevada importancia al cociente de inteligencia. Saber era lo único que se consideraba necesario para tener éxito. Luego apareció  Daniel Goleman con su concepto de inteligencia emocional:  es necesario tener también autoconciencia y autorregulación emocionales, motivación, empatía y habilidades sociales. Ahora Amin Toufani habla del cociente de adaptabilidad (CA), el cual entendemos como la capacidad que tiene una persona de funcionar adecuadamente en situaciones diferentes a las habituales.

En algunas aplicaciones que se ha hecho de tests para la medición de la adaptabilidad, se ha comprobado que la simple mención de lo que se trata de medir, hace que las personas mejoren su CA, lo cual indica que es bastante fácil operar sobre esas actitudes.

¿De qué depende el CA? Pensamos que entre otras causas, la forma como procedemos en la situación habitual, está afectada por la inercia de la zona de confort: ahí no hay turbulencias, los resultados son predecibles, conectamos el piloto automático y nos podemos echar una siesta. Esa forma rutinaria de proceder es un comportamiento razonable. ¡Para qué gastar más energía si podemos lograr lo mismo con menos!  Es el economista interior que todos los seres humanos llevamos dentro, el que nos conduce por esos caminos apacibles.

Pero hemos entrado en una zona de cambios frecuentes, profundos, acelerados, exponenciales, es decir, no de la forma 2,4,6,8 sino de la forma 2,4,16,256. Cambios que no son opcionales sino que impregnan todo nuestro entorno. ¿O es que acaso podemos sustraernos de la Internet o de los teléfonos celulares? Y dentro de poco, ¿Podremos vivir al margen de la robótica o de la inteligencia artificial?

¿Cómo se aumenta el CA? Dándonos cuenta en qué consiste. Aceptando que es posible modificarlo. Observando nuestras rutinas intelectuales, emocionales, físicas. Clasificándolas según su resistencia (tal vez es más fácil cambiar el postre que cambiar la hora de levantarnos). Indagando las raíces de las resistencias. Valorando la exploración de formas nuevas de accionar. Aceptando que algo puede salir mal cuando exploramos pero que fallamos en el 100% de lo que no intentamos. Festejando cuando tenemos éxito, para habituarnos a explorar más. Poniéndonos de acuerdo con otros que tengan el mismo propósito. Llevando cuenta visible de cómo progresamos en nuestro empeño.

Un comentario
  1. Este artículo da para mucho, y acorde con la “realidad de los tiempos”.
    Estamos inundados de cocientes e indicadores. Recuerdo un caso en el que se recetaron unos 300 indicadores a una organizacion.
    Sería bueno, contar, con esos indicadores,tanto para organizaciones (existen…), lo mismo para personas (perfiles psicológicos…), ordenados en forma similar a los exámenes de sangre, o, al informe de razones financieras. Su lectura, estaría sujeta a infinidad de conclusiones y resoluciones.
    Lo conveniente de esos cocientes e indicadores, es, tener discernimiento para su interpretación.
    Considero muy limitado asumir nuestro “economista interior que todos los seres humanos llevamos dentro”, no somos seres racionales, sino seres emotivos que razonamos.
    Ahora con la Economía de Comportamiento, charla de reciente data, dada en el Colegio de Economistas, se continua demostrando lo reconocido hace más de 50 años.
    Reitero, un artículo de fuerte contenido, ayuda a entender lo planteado para esta realidad.
    La historia nos puede ayudar, …¿Qué más fuerte cambio se le presenta a los antiguos mejicanos con la llegada de Hernán Cortéz?
    Y, ya sabemos que no fueron los españoles los “verdaderos conquistadores”, y AMLO, tal vez se equivocó. Saludo, infinitas gracias.

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