Publicado en La Nación el 11 marzo, 2019
Categoría: Artículos
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No podemos ir protestando por todo lo que no nos gusta. Existen reglas implícitas que dicen que tenemos que tolerar una gran cantidad de eventos y situaciones. Mantener la armonía de las relaciones sociales es un valor, y para lograrlo, tenemos que aceptar algunas cosas que causan malestar o disgusto.

Todo eso que vamos experimentando y por lo cual no le vamos pasando la cuenta a nuestros interlocutores, tiene dos destinos: uno es olvidarlas porque eran nimias o aisladas. Otras que eran de mayor calado o repetidas, las trasladamos al depósito de abejones en el buche. Son unos depósitos de energía, resentimientos, recuerdos que nos guardamos para sacarlos más adelante.

Los abejones en el buche obstaculizan la comunicación transparente porque esta requiere de la confianza. ¿Cómo se pueden a sentar a negociar dos personas si tienen reservas, resquemores, cuentas emocionales que cobrarse? ¿Cómo puede una familia sentarse a conversar de su futuro, o del de los negocios que tienen entre manos, si cada uno tiene esta retención de energía que lo obliga a ser muy cauteloso, a no decir todo lo que piensa, a no soltar prenda, a esperar a ver cómo el otro mueve sus fichas?

Recuerdo haber detectado abejones en el buche en una institución cuyos ejecutivos se preparaban para iniciar un proceso de planeamiento estratégico. Y cómo decidimos primero trabajar cuidadosa y sistemáticamente sobre el tema de los abejones, para limpiar la atmósfera y poder abordar luego el reto del pensamiento estratégico.

Construir confianza es el primer paso para crear un buen clima de comunicación, a partir del cual se puede construir lo que se desee. Nadie comienza por proponer matrimonio. Primero hay que construir confianza. Preferimos buscar socios entre personas a quienes hemostratado por años. Nadie construye alianzas a menos que logre crear antes la confianza requerida.  

Un riesgo con los abejones, es que no son estáticos; van creciendo; se van conectando entre sí y evolucionan hasta llegar a ser, no ya átomos de prevención o de distanciamiento, sino complejas moléculas que dan combustible a los conflictos. Ganaríamos mucho en nuestras relaciones interpersonales, utilizaríamos mejor nuestra energía, si aplicáramos los conocidos procedimientos, para aclarar la atmósfera y ventilar malos entendidos, a fin de hacer más transparentes nuestras interacciones.

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