Tecnología y desocupación

Publicado en La Nación el 4 marzo, 2019
Categoría: Desarrollo
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Si la digitalización, en todas sus dimensiones, va a producir una gran desocupación, ¿Qué deberíamos estar haciendo hoy para paliar esa crisis futura? Desocupación significa reducción del consumo y del producto nacional. Pero mucho más. Parte de nuestra identidad –el yo quién soy- se relaciona con nuestro trabajo, su producto, las relaciones que establecemos para realizarlo, con compañeros, jefes, proveedores, clientes. Perder el trabajo es sacudir esas raíces de la identidad. Que muchos en la comunidad estén en la misma situación, es un triste escenario. Es fácil profetizar que en él prosperan la desintegración familiar, la depresión, la delincuencia y otros males.

En el mundo se anda hablando de que, llegados a esos extremos, la sociedad debería invertir en un ingreso básico para los desocupados, siguiendo el mismo razonamiento que nos lleva a ayudar a los damnificados de desastres naturales. Respondemos colaborando a la atención de una inundación en las zonas bajas, que deja sin casa, sin alimentos y sin trabajo a muchas familias. Igual deberíamos reaccionar ante una epidemia de desocupación.

Deberíamos difundir estos pronósticos e impulsar a los trabajadores de hoy a tomar medidas para vacunarse contra estos peligros. La educación más concienzuda es una prevención. Una persona con mayor capacidad para aprender, estará en mejores condiciones. La formación técnica en ramos sensibles, también lo es. Escuchamos que aprender a programar es más importante que aprender otro idioma. En buena hora nos diera un ataque de urgencia en lo relacionado con la educación dual.

El Foro Económico Mundial difundió hace unas semanas, una idea que da qué pensar. Dice que las empresas también deben asumir parte de la carga. Y, al igual que el gobierno, es necesario que inviertan tanto en la fuerza laboral que tienen hoy, como en la que necesitarán mañana. Eso significa que deben emplear más recursos en la capacitación de nuevos trabajadores para las vacantes laborales, e invertir más en la capacitación de sus empleados actuales. Y continúa señalando este incentivo: Las políticas fiscales pueden alentar a las empresas a adoptar estas medidas. Por ejemplo, los gobiernos pueden imponer impuestos a las empresas cuyos ex-trabajadores terminen en situación de desempleo o acepten un empleo con un sueldo inferior, porque esos son signos de que han invertido poco en sus fuerzas laborales.

Un comentario
  1. Recuerdo, a mí también profesor, Jenaro Valverde Marín; en alguna clase nos dejó claro ese requerimiento: “la sociedad debería invertir en un ingreso básico para los desocupados”, pero más acentuado en el ingreso básico.
    El costo económico de todos los males sociales enunciados por el artículo, en buena y fatal forma, supera cualquiera Déficit Fiscal.
    Agrego una observación, tal vez pesimista, es cuestión de criterio; la actual doctrina economicista, auspiciada por el Foro Económico Mundial e instituciones afiliadas, se fundamentan en el Modelo Smithsoniano, sus fundamentos no sirven, ni han sido útiles, para proponer verdaderas reformas o cambios a la forma en que se comporta la economía mundial.
    Talvez, esperanza, si se aborda de nuevo la Teoría general de sistemas, se podría abordar el problema de mejor forma.

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