Hacia la utopía

Publicado en La Nación el 1 enero, 2019
Categoría: Artículos

Una pregunta es una invitación. A responder, a pensar, a construir. ¿A usted le parece que procurar el mejor vivir para muchos, sería un buen empeño para una persona o para una comunidad? El mejor vivir lo entenderíamos como fundamentado en más sensibilidad, más conocimiento, más buen juicio, más sabiduría. Como una mejor disposición a aceptar a los otros; como el establecimiento de mejores vínculos con los demás, que nos permitan a todos vivenciar que los demás no nos son indiferentes ni nosotros les somos indiferentes.

¿Por dónde deberíamos empezar? Nuestro pueblo tenía un dicho: ¿Quién es tu mejor hermano? El vecino más cercano.  ¿Con qué deberíamos empezar? No se proponga invitarlo a cenar. Bastaría con no saludarlo mecánicamente e intentar cruzar unas frases con él.

En todo esto, anda rondando el concepto de bien común, concepto complejo y útil en estos tiempos, en que poco a poco la humanidad se va convenciendo de que nuestras vidas son interdependientes en muchas dimensiones: el pobre, habitante de China, que sale de la pobreza, consumirá unos bienes, cuya producción y desecho generarán CO2, el cual contribuirá al calentamiento global, que podría hacer que desapareciera un poblado a la orilla de nuestro Océano Pacífico.

El bien común es un concepto atractivo ¿Quién no querría que muchas cosas mejoraran para muchos? ¿Pero, es un imperativo? ¿Es algo que nos convendría practicar? ¿Es algo de cuya práctica dependa nuestra supervivencia? Cuando leemos sobre los hechos y pronósticos relacionados con el calentamiento global y en general sobre el deterioro ambiental, surge la imagen de que todos estamos en el mismo barco, corriendo los mismos peligros.

Siempre viajamos en compañía de otros. En el bus. En la familia. En el vecindario. En el país. En el mundo. Con nuestro comportamiento podemos contribuir a una mejor convivencia. La buena convivencia –la vida buena y feliz- no va a surgir espontáneamente. Espontáneamente lo que surge es el egoísmo, el desorden, el malestar, la queja. Pero es increíble lo poco que cuesta cambiar el comportamiento destructivo en un comportamiento constructivo, o sea, lo cerca que están, el comportamiento que no contribuye y el que unido, al de muchos, puede acercarnos a la utopía.  Enrumbarnos hacia la utopía es un buen propósito de año nuevo. Sobretodo con la conciencia de que es alcanzable y que vale la pena.

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