Mejorar la atención

Publicado en La Nación el 11 junio, 2018
Categoría: Aprendizaje, Desarrollo
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Erick Barker en su blog semanal, comenta un libro llamado The Distracted Mind: Ancient Brains in a High-Tech World.  Su autor sostiene que las distracciones son bienvenidas por el cerebro, porque su diseño tiene como propósito captar información nueva, no enfocarse por largo tiempo en un asunto. Esto coincide con la idea de que la finalidad del cerebro es la supervivencia y no el conocimiento. Para el individuo humano primitivo, habitante de las praderas, era muy importante poder captar información puntual sobre movimientos y sonidos, que pudieran indicar la presencia de un depredador o de una pieza de caza. El cerebro no estaba diseñado para sentarse a escuchar una conferencia de una hora. Quienes quieren preparar una buena disertación, han de saber que la atención mejora con lo novedoso, lo que cambia el ritmo, lo inusitado, lo que deja sabor de contradicción o de paradoja.

La vida moderna nos plantea desafíos de aprendizaje que demandan superar el rasgo descrito. Hoy lidiamos con una amplia masa de información y no podemos captar cadenas de proposiciones que conforman un argumento complejo, a menos que seamos capaces de fijar la atención durante largos períodos. ¿Cómo lo haremos a pesar del diseño de nuestro cerebro?  Mediante entrenamiento, dice Barker. Y recomienda estas buenas prácticas: Primero focalizar la atención. Nada de tareas múltiples y simultáneas. Segundo, meditar. Aprender a poner silencio en el barullo interior hasta poder vaciar la mente. Luego, suprimir el mayor número de distractores. Si estamos pendientes del menor sonido que haga el teléfono celular, no fijaremos la atención. Como si estamos escuchando el noticiero en espera de la noticia que nos interesa. Finalmente, sostiene que las endorfinas que el ejercicio físico produce, nos ayudan, con su sensación de bienestar, a fijar la atención. E igual dice del contacto con la naturaleza. ¿Sería por eso que los estudiantes de mediados del siglo pasado valorábamos estudiar en los parques?

Todo esto colisiona con las atractivas distracciones a las cuales nos vemos sometidos en todo momento, lo cual nos ha llevado a entender el silencio como una rareza.

En este entrenamiento de la atención, deberíamos proceder igual que en el entrenamiento físico con el cual estamos más familiarizados. Empecemos con lapsos pequeños y temas blandos. Vamos luego hacia lapsos más largos y temas más arduos.

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