Cambio de gobierno

Viene un cambio de gobierno ¿Cambiará la forma de gobernar? ¿Cambiará la eficacia? El gobierno es un sistema complejo, que se parece más a un organismo que a un mecanismo.  Para mejorar un mecanismo, ya se trate de un picaporte o de una grúa de construcción pesada, basta con sustituir piezas, para lo cual el mejor camino es seguir las instrucciones del manual. Cambiar el funcionamiento de un organismo implica pensar sistémicamente – en las interrelaciones de las partes, en los tiros que salen por la culata, en el complejo medio en que se opera –. Para cambiar un mecanismo el pensamiento lineal es suficiente. Para cambiar la eficacia del gobierno hay que pensar críticamente.

Muchos de los problemas acuciantes que enfrentamos, o fueron creados por nosotros o no atendimos a sus primeros síntomas. Eso ha ocurrido con la seguridad social, el narcotráfico, las presas, la crisis fiscal, las deficiencias en educación, el deterioro político. Podríamos escribir un libro sobre cómo una nación puede hacerse la vida difícil. Ese libro no nos resolvería los problemas actuales.  Pero sí nos serviría para varios objetivos. Primero, para darnos cuenta de que las causas que nos han traído hasta aquí, siguen actuando. Eso es importante porque, desatendidas, agravarán los problemas. Ejemplo: el régimen de remuneración al empleo público. Con las anualidades como están, el nudo corredizo se seguirá cerrando sobre la tráquea de las finanzas públicas.  Segundo, nos serviría para que cada vez que inventamos una ley, una institución, un cambio, nos preguntemos ¿Aparecerá esta decisión en la segunda edición del libro?  Ya está mal haber creado problemas. Y no haberlos atacado a tiempo. Pero lo que es pésimo, es no haber aprendido y seguirlos creando.

Tercero: aprenderíamos que patear los problemas hacia delante, no los resuelve. Y así cada vez que intentemos esa táctica, nos preguntaríamos ¿Qué esperamos que ocurra al patear este problema hacia adelante?

Expectativa mínima: terminar el nuevo período presidencial sin que haya aumentado el número e intensidad de nuestros problemas. De ahí hacia arriba, el cielo es el límite.

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