Reflexión sobre el voto

El bienestar de las personas depende de sus acciones pasadas y presentes. El gobierno y la asamblea, no pueden poner frutos ahí donde nosotros no ponemos esfuerzo, pero sí pueden, con acciones u omisiones, crear condiciones propicias o adversas para que nuestro esfuerzo fructifique. Cuántas condiciones propicias puedan crear, depende de la eficacia de la institucionalidad. Esa eficacia está obstaculizada por algunas circunstancias que hay que remover.

Podemos votar como quien convoca a un poder superior. O como quien realiza un acto de magia. Podemos votar también obnubilados por demagogia, creencias o fantasías.

Nuestras creencias y fantasías permanecen a pesar de la ciencia. Por eso le tememos a los relámpagos, cuando verlos nos garantiza que no seremos golpeados por el rayo.  Critiquemos nuestras creencias. Años de caudillismo y de clientelismo nos han hecho sentir que los protagonistas institucionales –los políticos- son figuras especiales. Y que el pueblo solo tiene un rol pasivo. Innovemos. Pensemos en cómo tener roles más activos.

Aspiremos a un gobierno que no solo administre sino que emprenda. Administrar es manejar el status quo.  Conservar las cosas como están.  Emprender es gestionar. Es abrir caminos. Es llenar de vida el pensamiento y la acción. Es proponer una partitura que invite a una ejecución majestuosa. Sin emprendedores públicos, en cuatro años seguiremos como estamos.

Los protagonistas, con frecuencia se sienten investidos incondicionalmente. Se dan el lujo de practicar la sordera selectiva y se olvidan de que son simples depositarios de la autoridad. No cultivan la transparencia en dos direcciones: dejar que pase la información de lo que ocurre dentro y el clamor de lo que se piensa fuera. Moran complacidos en una zona de confort sin que existan incentivos ni mecanismos que les perturben ese estado.

Votemos conscientes de las limitaciones del poder del voto. No como quien elige lo óptimo, sino como quien elige una opción suficientemente buena. Reflexivos sobre nuestro derecho a exigir. Indagadores sobre la forma de hacer eficaz ese derecho y de desplegar nuestro potencial como ciudadanos. Conscientes de las limitaciones del sistema. Responsables sobre nuestra obligación de promover mejoras institucionales.


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