Para qué la neurociencia

Publicado en La Nación el 5 junio, 2017
Categoría: Aprendizaje
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Produce gran entusiasmo pensar en cómo la neurociencia, la ciencia del cerebro, va a ayudar a la humanidad a revisar sus procesos de enseñanza-aprendizaje. Se puede soñar en cómo a partir de dosis menores de enseñanza formal que las que se recibe ahora, los aprendientes podrán construir mucho de lo que necesitan saber para ser productivos miembros de comunidades más felices.Los instrumentos de enseñanza ya no serían la pizarra y el banco de clase donde se pasan horas y horas. Entonces quizá menos horas de clase permitirían realizar otras actividades deportivas, artísticas, comunales que aumenten las conexiones sinápticas útiles para facilitar el aprendizaje de competencias duras y blandas.

Encoge un poco el entusiasmo escuchar hablar de la importancia de la ciencia del cerebro para el mercadeo. Entoncesimaginamos el impacto manipulativo aumentado que la publicidad puede llegar a tener. Y recordamos las historias decómo la publicidad subliminal, puede hacer que después de ver en la tele su novela favorita sin anuncios, el televidente salga ansioso a buscar en su refrigeradora el refresco que subliminalmente patrocina el programa.Esto, que hasta el momento se ha hecho sin contar con los conocimientos sobre arquitectura y fisiología cerebrales, podría alcanzar niveles que comprometieran más aún la libertad individual.

Una pregunta interesante es quiénes utilizarán primero los conocimientos de la neurociencia, ¿Las autoridades y practicantes del ramo de la educación, o los mercadotecnistas?Como billetera mata galán, uno puede entrever respuestas.

Aquí es donde la verdadera política entra en el escenario. Un tema como éste, ya debería estar ocupando el tiempo de los políticos, primero en cuanto a la urgencia de conectar toda la actividad educativa a los nuevos desarrollos científicos. Y segundo en cómo blindar a la población para que no se convierta en masa inerme, ante los esfuerzos manipulativosde intereses egoístas. A no ser, claro está, que algunos políticos miren a la neurocienciacomo herramienta para sofisticar su consabida cadena de señalar lo que está mal, ofrecer cómo mejorarlo, no saber cómo mejorarlo, explicar por qué no se lo mejoró y volver a señalar lo que está mal, todo sin que nada cambie.

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