La zancadilla

Publicado en La Nación el 22 mayo, 2017
Categoría: Artículos
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El trabonazo viene de frente. Es lícito. Es parte del juego fuerte.La zancadilla no se espera. Viene de al lado. O de atrás. Es juego sucio. Es ilícita.Ambos pueden ser malintencionados. El trabonazo es un pero. Es una negativa. Es un cuestionamiento. La zancadilla es el choteo, las miraditas en apariencia inocentes,la cuchufleta.

¿Cómo manejar la zancadilla?El propósito es no caer.La zancadilla obliga a defender lo que se propone. Pero sin enojarse, porque entonces se nubla el razonamiento. A quien no tiene habilidad, la zancadilla lo tira al suelo. Hay que aprender a que la zancadilla, aunque desestabilice, no haga caer. Hay que aprender a desapegarse del momento del incidente y de la persona de la que procede, para buscar razones. No siempre es necesario ni prudente responder en el acto.

El hecho de que la zancadilla sea malintencionada no debe llevar a ignorar que convoca energías que podrían convertirse en mejoramientos.La necesidad de defender un proyecto o un argumento, es una oportunidad para repensarlo, para robustecerlo, para recoger insumos nuevos e integrarlos en la propuesta original. Mirar de preferencia esa oportunidad de mejoramiento y no la mala intención que puede haber en ella, es una forma de despojarla de sus efectos perturbadores.

Grupalmente, se podría ir haciendo esfuerzos por sacar a flote la obligación de todos de cuestionar proyectos e ideasa fin de garantizarse, como en las discusiones científicas, que no se nos va a colar un gato con apariencia de liebre.A veces la zancadilla es el recurso de última instancia de quienes sienten que están comulgando con ruedas de molino, pero que no encuentran en el repertorio de reglas de juego de su grupo, la posibilidad de discrepar civilizadamente.

Cuando en un grupo se vale discrepar, se vale cuestionar, se legitima el esfuerzo por cribar ideas y proyectos en busca de las mejores. Y el proceso de pensamiento y decisión se hace más robusto, más civilizado. Entonces las salas de reuniones se parecen más a foros científicos que a bares donde después de los partidos se discute el resultado.

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