Explorar y crecer

Publicado en La Nación el 21 noviembre, 2016
Categoría: Cambio
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Vivimos nuestra vida utilizando múltiples rutinas. Eso está bien. La rutina economiza pensamiento. Si todos los días tuviéramos que elegir el camino que seguimos parair a nuestro trabajo o a nuestra escuela, estaríamos invirtiendo energía de manera ineficiente. La resistencia al cambio, vela precisamente por esa rutinas. Algo nos dice que después de haberlas seleccionado y vivido con ellas, algo de bueno tendrán. Pero hay una gran distancia entre esto y solo seguir rutinas o resistir cualquier variación en nuestro comportamiento o en nuestras acciones.

Conviene explorar, salirse del camino. No se trata de emular a Magallanes oa Vasco Núñez de Balboa. Basta contransitar por caminos nuevos. Por obligarnos disciplinadamente a cuestionar una rutina hoy, otra mañana. Con examinar cómo hacemos las cosas y de dónde proviene el confort que nos dan ciertas rutinas.Conviene hacerlo también con nuestras caminatas reales. ¿Por qué seguimos este camino y no el otro? ¿Cuánto nos negamos a acercarnos con curiosidad a áreas físicas de nuestro entorno? ¿ O a áreas desconocidas o temidas de nosotros mismos?Es un buen ejercicio intentar hacer eso quenos resulta difícil o desacostumbrado. Podemos argumentar que no nos gusta, o que no es razonable. Aun así, hagámoslo simplemente para ver qué produce, con esos insumos novedosos, esa lanzadera prodigiosa que es nuestro cerebro.

Pugnemos por entender cuál es la dinámica que nos lleva a undeterminado surco físico o de comportamiento y levantemos algunas piedras de esa dinámica a ver qué hay debajo y a ver qué cambia. Miremos a los ojos a la resistencia o al miedo a dar ciertos pasos y entendamos que es posible superarlos.Hay temores simples y temores en enjambre: el temor que da un mal diagnóstico es una cosa. Otra es la activación de temores económicos, sociales, morales que sucede al primero.

Caminar hacia atrás; encontrar el camino en la oscuridad; visitar sitios desconocidos; escribir o comer con la mano menos hábil; dejar de utilizar etiquetas para escuchar al interlocutor con la mente fresca; revisar los casos en que utilizamos rotundismos como “eso sí que no lo tolero”, “no tengo habilidad para tal cosa”, “nunca lo he intentado”, “eso nunca me ha interesado”.Estos ejercicios nos resultarán difíciles, nos producirán ansiedad, pero podrían renovarnos.

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