De la rutina a la creación

Publicado en La Nación el 14 noviembre, 2016
Categoría: Artículos
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Algunos tienen el don de un trabajo desafiante, poco estructurado, de alta contribución, en el cual el presente es muy demandante y el futuro bastante incierto. Al inicio, en trabajos de este tipo, se siente mucha ansiedad. Muchas veces se llega a estas situaciones después de haber estado haciendo tareas más rutinarias. Entonces acongoja un poco la naturaleza del cambio.

Poco a poco se va ganando confianza y se van manifestando destrezas y talentos que no habían tenido oportunidad de expresarse cuando solo se realizaban tareas rutinarias. Entonces nos vamos dando cuenta de que los conocimientos no son suficientes, sino que va siendo más importante el saber hacer. Lo mismo que las actitudes. La disposición a ser creativos, a inventar respuestas, a correr riesgos calculados, todo lo cual va demandando una cierta presencia de ánimo que no es necesaria en una tarea rutinaria.

Aquí, las competencias, las acciones, los resultados, el entusiasmo y el desarrollo personal se realimentan entre sí. Cuanto mayor el desafío, mayores las competencias. Cuanto más incierto el resultado, mayor la valoración del éxito. Cuanto mejores los logros, mayor el entusiasmo. Y todo esto se va sedimentando en pasos hacia delante en el desarrollo personal: más prudencia, más aceptación de la realidad, más saber hacer y más capacidad de aprender de esa dinámica.

Cuando alguien hace un trabajo que ni sus jefes entienden, se experimenta la soledad, la falta de apoyo. En la educación formal nos enseñan a repetir, a hacer lo que hay que hacer. Pero algunas situaciones nos demandan explorar, ser tentativos, ir como tanteando. Un investigador, un inventor, un soñador, un poeta  son eso.  Quien fabrica sillas es responsable por obtener como resultado tantas sillas por semana. Quien es investigador, poeta, soñador, o tiene un puesto no rutinario, sólo es responsable de poner el mayor esfuerzo, la mayor dedicación, el mayor entusiasmo, porque los resultados están en manos de los dioses.

Entonces el descanso, la diversión, los viajes, las interacciones comunes, se convierten en fuente de inspiración y de energía para el trabajo cotidiano.

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