El tercer turno

Publicado en La Nación el 26 octubre, 2015
Categoría: Artículos
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Venimos de una época en que solo por curiosidad pensábamos que cuando aquí son las diez de la noche, en Tokio es la una de la tarde. Pero nos globalizamos, lo cual hace que cada día sea más frecuente encontrar personas cuya jornada habitual comienza a las diez de la noche.

Nuestro reloj biológico está muy relacionado con la luminosidad, natural o artificial, de forma que si no apagamos la luz nos cuesta más dormirnos. Pero por necesidades de horario, muchas personas han logrado reprogramarse para trabajar a la hora en que los demás dormimos: bomberos, personal de seguridad, profesionales de la salud, colaboradores de industrias, hoteles, aeropuertos, aerolíneas.

Todos la hemos palmado alguna vez. Por razones de estudio o de trabajo. Y hemos tenido esa sensación de todos duermen, solo unos pocos estamos despiertos. Esa sensación de silencio que permite la concentración. Ese cambio de velocidad que descubrimos en el tiempo: la lentitud con la que transcurren las horas interminables de la madrugada. Y la forma como de pronto, el tiempo vuela entre la cercanía del alba y la instalación completa del día.

La alta noche y la madrugada, son horas de sosiego y de pensar profundo como en La oración por todos. Lo trascendente parece estar más cerca en la quietud externa y en la disposición interna. Los cartujos, a las dos de la mañana hacen su oración materna. Esa oración en la cual piden por todos, como si fueran madre de todos.

A esa hora, la oración y el trabajo, tienen otra dimensión y quienes oran o trabajan (podría ser lo mismo) harían bien en tener conciencia del valor distintivo de su hacer: es una hora singular que demanda una disposición de ánimo especial y que con poco, podría dejar una huella formativa en el carácter.

Trabajadores de la noche, no se lamenten. Aprovechen el sosiego. Aprovechen la prueba difícil de tener un horario a contrapelo de los hábitos comunes. Valoren el sacrificio que hacen por sus familias.Conviértanlo en un motivo de auto-estima y en una fuente de crecimiento personal.

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