Economicemos palabras

Publicado en La Nación el 28 septiembre, 2015
Categoría: Artículos
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Recientemente leí a un autor quien dice que hay libros que deberían haber sido capítulos. ¿Será que existe una convención social de que todo libro tiene que tener 200 páginas o más? Cuesta encontrar libros de calidadhomogénea de los cuales se pueda decir que todas sus páginas son de alto valor. Sueño en que un día habrá libros inteligentes que en un breve intercambio con el lector, le indiquen cuáles partes de su contenido tienen mayor probabilidad de resultar de valor para él. Es lo que hace la profesora que confecciona una crestomatía. (Algo que no logro entender es cómo hay libros digitales que no utilizan la maravilla del hipertexto)

Los autores podrían tener una tendencia a no querer podar lo que han escrito y lo dejan en el libro contra viento y marea. James Michener relata cómo un editor le señaló la necesidad de reducir su novela Alaska, y cómo, con lo que suprimió –y no tiró a la basura- logró escribir otra novela llamada Journey.

Hay libros, como los de la UNED, que contienen guías para el lector: desde índices muy bien hechos, hasta señalamientos de lo que se espera que el lector obtenga en cada capítulo y ejercicios de verificación de si obtuvo eso que se espera.

Los lectores maduros saben cuáles libros leer de tapa a contratapa, y en cuáles ir desechando algunos tramos. Pero en esto a veces se cometen errores y se pierden buenos contenidos.

Algo semejante ocurre con las conferencias. ¿Por qué todas tienen que durar cincuenta minutos? ¿Por qué no aceptamos que hay conferencistas que tienen cosas muy valiosas que decir pero en quince minutos? ¡Cuánto ganarían las conferencias si pudieran ser más interactivas¡Quince minutos de conferencia y treinta minutos de conversatorio posterior.Habría que velar, desde luego, porque el conversatorio no consista en tres personas de entre el público dando su conferencita sobre el mismo tema. Habría que aprender a valorar las preguntas tanto como las respuestas.

Autores, conferencistas, profesores y políticos deberían tener siempre presente a Baltasar Gracián: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

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