Actividades de conciencia

Publicado en La Nación el 27 abril, 2015
Categoría: Responsabilidad
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Una empresa no es un mecanismo. Es una entidad quasi humana. Con valores. Con sueños. Con limitaciones. La gestión de empresas no consiste en la operación de un conjunto de procesos cerrados. Sino que todos los procesos de la empresa tienen múltiples aperturas, como las tienen nuestros procesos personales, abiertos a la contingencia, a la inspiración. Al entusiasmo y al cansancio.

Decía Drucker que entre las actividades fundamentales de las empresas, están las actividades de conciencia. Se trata defijar normas, crear visión y exigir excelencia. Eso va más allá de la aspiración de eficiencia.

Una empresa es un fenómeno social que utiliza unos recursos que obviamente podrían estar dedicados a otros usos. Así, toda empresa tiene para la sociedad, un costo de oportunidad. El capital, los recursos humanos, la gestión, el emprendimiento, podrían estar bien empleados en otros esfuerzos. La energía y el capital del supermercado de la esquina, podrían estar dedicados a la atención de salud, a la educación, a la promoción del arte, o a producir otros productos para el mercado.

Una empresa deja su huella ecológica, positiva o negativa. La evaluación de esa huella es una tarea de conciencia. No es para que la desarrolle el contralor, quien en la empresa tradicional, tiene su mente atada al estado de resultados. Evaluar el cumplimiento de las responsabilidades sociales, no es tarea del director de mercadeo, porque él tiene su tiempo atado al margen de contribución. La calificación de las relaciones básicas con la comunidad no debe hacerla el gerente de comunicaciones, porque su compromiso número uno es con la imagen de la empresa. El desarrollo de las personas es una tarea del área de recursos humanos, pero la pregunta de que más puede hacer la empresa para que las personas se auto realicen, podría trascender a esa área.

Esas cuestiones deben estar encargadas a alguien que pueda mirar la empresa desde el palo mayor, sin ataduras a los esquemas de incentivos. A un ombudsman interno que tenga un pie en el presente y otro en el futuro. Uno en la empresa, otro en la comunidad. Uno en la tierra y otro un poco más arriba.

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