Las nubecillas morenas

Publicado en La Nación el 16 marzo, 2015
Categoría: Artículos
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¿Seguirá la ceniza del Volcán Turrialba? Quienes recordamos la del Irazú de 1963, no quisiéramos que continuara. Pero ¿Y si continúa? ¿Y si el Aeropuerto se nos transforma en un aeropuerto intermitente y el turismo retrocede? ¿Y si los motores empiezan a necesitar un mantenimiento más frecuente y los equipos de cómputo –inexistentes en 1963- empiezan a tener un vida útil más corta? ¿Y si se afecta la industria lechera y la siembra de hortalizas? ¿Y si con la proporción alta de personas de la tercera edad que tenemos ahora, la Seguridad Social empieza a acusar los efectos de la intensificación de males respiratorios?

Tenemos varios caminos. Uno sería “echarnos a morir” como se dice popularmente. Otro sería, ponerle al mal tiempo buena cara. ¿Podemos hacerlo? Hoy posiblemente no. Pero dentro de un mes, quizá. Estamos programados para vivir en la normalidad: brisa agradable, cielos despejados, aire transparente.Sería un dispendio de energía que viviéramos en alerta permanente, siempre dispuestos a que ocurriera un hecho desagradable. Pero una vez aparece la circunstancia adversa, tenemos que encontrar la manera de adaptarnos a las nuevas circunstancias. Y esa adaptación no ocurrirá de inmediato. Primero pasaremos por una etapa de negación y pensaremos que la ceniza desaparecerá pasado mañana.

Luego, cuando tengamos un par de semanas de ceniza, la reconoceremos como realidad, pero emplearemos la energía en desear que tal cosa no estuviera ocurriendo. Y posiblemente fantasearíamos con posibles soluciones: que el viento cambiara de dirección. Que se le pudiera poner techo al volcán. Que se pudiera canalizar la ceniza en una gran chimenea y enviarla a un sitio donde no causara problemas.

Luego vendrían las soluciones realistas: mejores métodos para barrer y aspirar. Formas de proteger los equipos. Formas de proteger la pintura y motores de los automóviles. Nuevas formas de almacenar cosas de manera que resulte más fácil hacer la limpieza. Formas de proteger peinado y ropa, ojos y vías respiratorias.

Y, ojalá, logremos ir al trabajo tarareando “Mañanitas que parecen / desgajadas de las sierras donde largan/los volcanes sus nubecillas morenas” .

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