Contacto con la realidad

Publicado en La Nación el 2 marzo, 2015
Categoría: Artículos
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En la película Una mente brillante hay una escena llamativa: El Dr. Nash, quien alucinaba debido a su dolencia de esquizofrenia, recibe en un pasillo la noticia de que le ha sido otorgado el premio Nobel en Economía. Lo primero que piensa es que está alucinando y entonces utiliza lo que parece ser su instrumento de verificación y pregunta a quien le acompaña: ¿Usted vio a ese hombre? Supongo que la respuesta afirmativa, reduce su duda.

La mayor parte de nosotros no alucinamos, pero tampoco podemos afirmar que vivimos en contacto puro y confiable con la realidad. ¿Cuáles ruidos contaminan nuestro contacto con la realidad?

Los temores; las fantasías; las dudas que nos llevan a preguntarnos ¿qué habrá querido decir? El pensamiento optimista con el cual fabricamos cadenas de suposiciones que conducen al éxito mientras las pensamos, pero que se rompen en el segundo eslabón según las ejecutamos.

La creencia de que es posible predecir el futuro. Como ahora hay demanda por informáticos, imagínese dentro de 5 años cuando vaya terminando la U.

Imaginamos, privilegiando algunas dimensiones: como soy tan bueno en matemáticas, voy a estudiar ingeniería civil …¿Y la actitud ante los problemas? ¿Y la inclinación a producir resultados? ¿Y el manejo del stress para que el proyecto se ajuste a tiempo y presupuesto?

También perturban nuestra percepción de la realidad creernos los elogios exagerados que resaltan nuestras fortalezas o minusvaloran nuestras debilidades, con lo cual nos podrían llevar a acometer emprendimientos que estuvieran más allá de nuestras capacidades. O las críticas malintencionadas que más que dar información lo que pretenden es herir. Esas, al contrario, podrían disuadirnos de intentar empeños que están al alcance de nuestras capacidades reales.

Conócete a ti mismo. El encargo es claro, sabio y antiguo. La tarea, para toda la vida. Pero ahí no termina la cosa. Es necesario conocer la realidad que nos rodea, partiendo de la dificultad de que como en El mito de la caverna, con frecuencia no vemos cosas, sino sombras de cosas.

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