Para una estrategia personal

Publicado en La Nación el 25 noviembre, 2013
Categoría: Artículos
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¿Qué hacemos recién despertamos? Imaginar o sentir. Muchos imaginan lo que tienen que hacer antes de iniciar sus labores. Imaginan la lonchera que llevarán ;las presas de tránsito; el trabajo que quedó pendiente ayer; lo que harán al final de la tarde. O sienten: ¿Hace frío? ¿Tenemos hambre? ¿Dormimos bien?

Somos muy sensoriales y estamos muy conectados con las cosas. Una buena parte de nuestra acción, se relaciona con cosas. Vivimos entre cosas: tropezamoscon cosas. No nos suele ocurrir que tropecemos con pensamientos. O con ideales. El recién nacido busca alimento. No busca una idea. El desarrollo personal consiste en ir balanceando la naturaleza de lo que nos mueve.

Este señor quiere una motocicleta. ¿Para qué? Para gastar menos tiempo en llegar a su trabajo. ¿Para qué? Para disponer de más tiempo libre. ¿Para qué? Para hacer más deporte; tener más tiempo con los amigos o con su familia; dormir más; matricular un curso.

Esta chica quiere un título universitario ¿Para qué?Para acceder a mejores empleos. ¿Para qué? Para tener más ingreso. ¿Para qué? Para “vivir mejor”. ¿Para qué? Para ser más feliz.¿Garantiza el mayor ingreso la felicidad? ¿Habrá otras formas de llegar a tener más ingreso sin ir a la universidad? ¿Habrá otros productos que da la universidad más allá de destrezas para el trabajo? Un título universitarioes diferente de una formación universitaria.

Las preguntas de “para qué” nos ayudan a movernos desde las cosas a los verdaderos objetivos. Nuestro apetito de cosas nos hace pasar sobre esos verdaderos objetivos. Los verdaderos objetivos nos acercan al sentido. Las cosas son signos. El sentido es el significado. El frasco de cosméticos es una promesa de belleza. Más aún, una expectativa de aceptación, la cual da por supuestas unas convenciones sociales sobre la estética.Pero todos nos hemos sentido atraídos, todos nos hemos enamorado,de personas que no utilizaban ningún maquillaje. Y hasta tal vez, precisamente, porque no utilizan ningún maquillaje y dejan traslucir más sus “para qués”. Su sentido más que sus signos.

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