Futuro incierto

Publicado en La Nación el 22 julio, 2013
Categoría: Artículos
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En determinadas situaciones importantes y peliagudas, tendemos a pensar que el futuro es incierto. Vana reiteración. El futuro es incierto siempre. Quienes hemos trajinado por el terreno del pensamiento estratégico, nos ilusionamos pensando que una buena estrategia elimina la incertidumbre, a pesar de que Drucker advirtió en contrario hace mucho tiempo.

Creo que muchos muchachillos entretuvimos como uno de los primeros galimatías de la fe el siguiente: Como Dios lo sabe todo, ya sabe si me voy a salvar o no. Luego, yo no puedo cambiar mi destino eterno. No recuerdo la explicación de los directores espirituales pero seguramente fue muy buena porque eso dejó de preocuparnos. Una buena respuesta hubiera sido: claro que lo sabe. Y sabrá también el resultado del eventual cambio de rumbo.

Vemos un partido de futbol. Y lo vemos con ansiedad, a veces dolorosa. Tal vez nos tranquilizaría este razonamiento: dentro de dos horas, el resultado será real y definitivo. ¿Para qué sirvió la ansiedad? Y si elaboramos la situaciónpodríamos encontrar que la ansiedad es una concentración de energía emocional que busca que ocurra lo que no está ocurriendo: que viniera ese gol; que no estuviéramos en la presa; que el día tuviera treinta horas; que no faltara solo un día para la prueba.

Quienes están en el partido tienen una forma de convertir la ansiedad en resultados. Para ellos sí es constructiva. Pero todavía no se ha probado que a base de querer, logremos en la gradería o frente al televisor, influir en el resultado. Pero aun a quienes están en el partido se les podría aplicar un decir de Krishna: Una persona es sabia cuando todos sus empeños están libres de ansiedad acerca de los resultados.¿Será así como juegan los brasileños? Si no necesitamos la ansiedad para darlo todo, en el juego o en nuestra vida diaria, disfrutemos los eventos del momento, terminemos con la sobreintención que hace chirriar nuestros engranajes mentales y emocionales. Accionemos de la mejor manera. Olvidemos el resultado.

Yo no tengo control sobre los resultados. Buenos esfuerzos podrían conducir a malos resultados, porque la relación entre ambos no es determinística. Depende de otras circunstancias que operan concomitantemente con los esfuerzos. Sobre lo que tengo control, es sobre los esfuerzos y ahí no debo guardarme nada.

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