La silla roja

Publicado en La Nación el 7 enero, 2013
Categoría: Aprendizaje
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En un mes comenzará el curso lectivo de la enseñanza pública. En setiembre del año pasado, cuando comenzó el curso lectivo español, en algunas aulas escolares se colocó una silla roja, la cual representaba a los cientos de estudiantes que no pueden asistir a clases, por razones de salud, económicas, o de distancia.

Una organización jesuita llamada “Entre culturas” gestionó esta iniciativa de la silla roja con el fin de mostrar que 6l millones de niños y adolescentes no tienen acceso a la educación formal, con la consecuencia de que a lo largo de su vida arrastrarán un déficit que no solo les pospondrá en cuanto al disfrute del desarrollo económico, sino que les creará una minusvalía personal permanente. http://www.entreculturas.org/noticias/una-silla-roja-por-la-educacion

Tal vez tomar una silla y pintarla de rojo demanda mucho esfuerzo. ¿Por qué no llevar una figura en cartulina roja o un vistoso lazo rojo para ponerlo a una de las sillas vacías de cada aula?

La finalidad no es intentar resolver el problema mundial de la sub-educación, ni siquiera sensibilizar sobre él. Un propósito más inmediato sería estimular a profesores y estudiantes a aprovechar la oportunidad que tienen quienes no están representados por la silla roja.

Eso podría movilizar a los maestros a ir un paso más allá en sus esfuerzos por crear un buen clima de aprendizaje. Y a los estudiantes a no seguir mentalmente en vacaciones y aprovechar con su diligencia el esfuerzo de sus maestros.

Para los administradores educativos, la silla roja sería un llamado a esmerarse por diseñar y promover procesos educativos que dejaran huella, que entusiasmaran a los maestros a producir y a los estudiantes a valorar el aprendizaje, a explorar con alegría y a levantarse resilientes cuando tropiezan en el camino explorado.

Para los responsables de la formación de maestros, la silla roja sería una llamada de atención sobre la influencia que su trabajo –bueno o malo- tiene sobre las generaciones futuras.

¿Se apunta algún maestro? ¿Algún decano? ¿O el Ministro de Educación?

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