Lógica deductivax

Publicado en La Nación el 29 octubre, 2012
Categoría: Cambio
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La rebatiña por obtener un puesto en una papeleta de diputados es semejante al área chica cuando se lanza un tiro de esquina: codazos, jalones, pisotones y hasta escupitajos.

De eso deduzco que todos esos candidatos visibles y los que se quedan en el camino, tienen un claro deseo de lograr el puesto. Y como se trata de personas racionales, deduzco que valoran ese puesto, las circunstancias que lo rodean y sus reglas de juego. Lo valoran en presente, por lo que es hoy. Y posiblemente lo valoran por las oportunidades que ofrece. Si lo valoran es porque el puesto tiene unas condiciones que les resultan atractivas. Estiman que la cantidad de satisfacción total que derivan estando en el puesto, es mayor que no estando en él.

Las cosas son como son. El congreso es como es. No por casualidad. Ni por diseño. Sino porque a lo largo del tiempo se ha venido sedimentando una situación de equilibrio perverso; perverso porque perjudica al país. Y como todo equilibrio, si no hay fuerzas que lo perturben, así permanecerá.

Hay evidencias de que la labor del congreso es mejorable. Se ha dicho que mejoraría si los ciudadanos pudieran escoger realmente a sus representantes y no tuvieran que votar por un paquete donde colocan como más visibles a los más atractivos. Si se evaluara el desempeño de los diputados. Si se pudiera reelegir a los buenos y retirarles el nombramiento a los malos. Si se eliminaran los procedimientos que hacen ineficiente al congreso.

Pero el trámite de esos cambios depende de los diputados. ¿Por qué si son racionales, van a cambiar una situación que valoran y de la cual obtienen satisfacción? ¿Por qué van a perturbar el equilibrio que les da satisfacción?

Son los ciudadanos quienes pueden perturbar ese equilibrio perverso y la gran tarea cívica del momento es descubrir cómo lograrlo. En el pasado, no ha sido suficiente argumentar, opinar, pedir ni rogar. Pero seguramente, quedan cosas por hacer.

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