Competencias blandas

Publicado en La Nación el 16 julio, 2012
Categoría: Educación
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Alegra a los padres de familia quesus hijos no tengan problemas con la matemática o sean aficionados a la ciencia. Las escuelas privilegian lo científico matemático sobre lo demás y se esfuerzan por desarrollar estos talentos.

Muchos chicos a quienes se capacita para que puedan obtener un empleo, lo pierden porque no son puntuales o no tienen la sensibilidad necesaria para relacionarse con su jefe o para formar parte de un proceso productivo en lo que se refiere a trabajo conjunto, coordinación, ajuste a normas, horarios, cumplimiento de procedimientos. Sin duda, le dedicamos más horas al aprendizaje del álgebra colegial que a la formación del carácter.

Para vivir una vida armoniosa y feliz, es importante que una persona sepa pensar con amplitud en lo que le conviene o no. Que sepa escoger y trazarse un camino para alcanzar lo uno y evitar lo otro. Conviene que una vez queha llegado a una conclusión en ese aspecto, su actitud realista la lleve a darse cuenta de que estamos obligados a hacer transacciones: el tiempo que dedicamos al ocio no lopodemos dedicar al trabajo, y el que dedicamos a la gimnasia no lo podemos dedicar a la francachela y a la comilona.

Y esto que ya cuesta hacerlo un día y al día siguiente, para que produzca resultados, debe ser hecho con perseverancia durante un largo tiempo. Al principio entrando en diálogos persuasivos consigo misma: esto vale la pena; la meta lo justifica; iré siendo mejor si lo hago. Y luego disfrutando de los beneficios que los buenos hábitos han dejado.

Por eso es importante que los hogares, las escuelas y colegios hagan su tarea teniendo en mente la necesidad de formar esas competencias blandas. No mediante cursos de formación del carácter, sino medianteun curriculum oculto formado por el ejemplo de los maestros, la seriedad visible de su trabajo, la exigencia desarrollante, el llamado a la responsabilidad de los jóvenes y sobre todo, mediante la convicción de que la plasticidad del alma juvenil, la hace candidata a beneficiarse de un entorno de aprendizaje donde no solamente se cultivan conocimientos sino también buenos hábitos para la vida.

Esos buenos hábitos son entre otros, asumir los compromisos con mayor responsabilidad y autonomía. En vez de quejarse por el trabajo, aprender a enfrentarse a él con fortaleza y coraje. Saber posponer el disfrute para privilegiar el deber y prescindir de lo que no es indispensable. Ser más auténtico, más íntegro en vez de recurrir a fachadas y manipulaciones. Desarrollar la capacidad de manejar las frustraciones y las derrotas y saber triunfar con hidalguía. Estas son las sílabas del silabario afectivo, sin el cual iremos dando tumbos por la vida.

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