Cómo producir cambio

Publicado en La Nación el 28 noviembre, 2011
Categoría: Artículos

Las ideas son importantes. Pero la eficacia de un país, de un gobierno, de una empresa o de una persona no mejoran por el solo influjo de una idea. Hay que estudiar la idea. Valorar sus posibilidades y sus consecuencias.Pero tampoco los estudios se transforman inmediatamente en mejoramientos. Hay que tomar decisiones basadas en el estudio de la idea. Decidir es elegir. Es apostar contra la incertidumbre. Es renunciar a posibilidades: cuando decidimos ir a Cartago, ya no podemos ir a Alajuela.

La simple decisión tampoco garantiza el mejoramiento. La decisión es un acto intelectual. Hay que agregarle el componente volitivo. Es entonces cuando la decisión se convierte en resolución. La resolución es una decisión espoleada, con hormonas, con compromiso. Es la suma de intelecto y pasión.En nuestro país, nos cuesta tomar decisiones.Pero mucho más nos cuesta llenarlas de pasión. La historia que explica nuestro bienestar actual, está escrita por unas cuantas decisiones a las cuales en su momento se les puso pasión.

La resolución, para que produzca resultados, debe ser objeto de ejecución. Sin ejecución, ninguna idea se convierte en resultados. Algunas ideas requieren ser ejecutadas una sola vez. Otras requieren de una ejecución repetida. Cuando una empresa decide deleitar a su cliente, la ejecución de todas las acciones que van en esa dirección, debe repetirse hasta que se convierta en hábitos de todos los colaboradores. Cuando eso ocurre, decimos que la empresa ha adquirido una buena práctica.

El país que decide y resuelve tener una población saludable, necesita crear buenos hábitos en las familias, los trabajadores de la salud, los maestros, los habitantes. Cuando esos buenos hábitos se han instalado, podemos afirmar que el país sigue buenas prácticas de salud yse habrá logrado iniciar un proceso de mejoramiento permanente.

El proceso mediante el cual una persona se convierte en un buen profesional, arranca cuando decide y resuelve estudiar una carrera. El día a día de la carrera consiste en ir haciendo que el estudiante lea, estudie, piense, reflexione, ejercite la creación, cuestione, organice y reorganice el cuerpo conceptual de su disciplina. Esos buenos hábitos se sedimentan en buenas prácticas. La persona que los tiene, ha adquirido una capacidad de aprendizaje permanente. El fin de la vida universitaria es instalar profundamente esa destreza.

Pero lamentablemente, lo que opera en una dirección, opera también en la otra. Y así como las buenas prácticas construyen, las malas prácticas destruyen:el país cuyos gobernantes pierden el sentido de la política y lo sustituyen por la politiquería; cuyos administradores públicos no sienten la obligación de la eficacia; cuyos dirigentes comunales olvidan la responsabilidad de su liderazgo y van a la caza del poder personal; cuyos maestros se convierten en asalariados en busca de la hora de salida, la vacación o el retiro; cuyos profesionales se olvidan de la obligación de servicio y ven en su profesión solo un instrumento de lucro individual; cuyos habitantes, en vez de ideales cultivan el consumismo; cuyos estudiantes, en vez de empeñosos son aletargados cultores del facilismo.

Conviene tener un ojo atento para verificar si se están formando los hábitos de pensamiento, de palabra, de acción, que garanticen la eficacia personal, empresarial y pública.

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