Salirse de la caja

Publicado en La Nación el 30 mayo, 2011
Categoría: Artículos
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La eficacia de las empresas depende del talento de las personas que trabajan en ellas. Cada persona tiene unos conocimientos, unas formas de aplicarlos, unas actitudes y unas creencias. Hablemos de las creencias.

Una creencia es una idea sobre la realidad. Si la idea coincide con la realidad, decimos que es verdadera. Si no coincide, entonces es falsa. Las creencias falsas nos llevan a accionar de maneras equivocadas. Si por ejemplo creemos que los consumidores están felices con los productos que les ofrecemos, no hay preocupación por innovar.

Cada persona en la empresa tiene un determinado potencial. Hay creencias que limitan ese potencial. Si alguien cree que solo es capaz de levantardiez kilos, nunca intentará levantarveinte.Por eso, una tarea importante en la empresa es detectar las creencias que auto limitan a las personas que trabajan en ellas, especialmente a quienes toman las decisiones más trascendentesyatienden las actividades de mayor impacto.

Limita la creencia de que lo que se hace es todo lo que deberíamos hacer. O que la forma como lo hacemos no tiene mejoramiento posible.Limita creer que las necesidades que atienden nuestros productos se reducen a las que conocemos. Con algunas modificaciones, nuestros productos podrían atender otras.

Capacitar de la manera tradicional, a lo sumo aumenta los conocimientos. A menor plazo y menor costo, podríamos obtener aumentos de productividad si hiciéramos un esfuerzo sistemático por detectar cuáles creencias limitan la imagen que tenemos del potencial de la empresa.Para ello hay que crear un microclima, un grupo con personas significativas y aplicar unas reglas de juego que les permitan hacerse con toda libertad, cualquier tipo de preguntas, entre otros temas sobre los productos, los mercados, los procedimientos yla forma como nos relacionamos. A bajo costo, podríamos encontrar pepitas de oro.El talento y la experiencia están ya en cada empresa. Hay que aplicar los métodos para quitarles las tapaderas que la costumbre y las creencias les han puesto.

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