Recesión y ocio

Publicado en La Nación el 2 marzo, 2009
Categoría: Artículos
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Estas no son unas reflexiones analíticas. Son más bien barruntos de lector de periódicos. Se dice que en Estados Unidos,los consumidores recortaron sus gastos como nunca antes en 28 años, especialmente en automóviles, muebles, electrodomésticos y ropa.

Ese país está sufriendo el mayorsusto económico en 80 años. Eso se une a las noticias sobre el calentamiento global producto de los procesos productivos y de transporte. Se desplomó su sistema financiero. Se cuestiona el papel de su país en el mundo.

Supongamos que la desocupación llegara a 10%. Eso, en promedios burdos, significaría que todos podrían tener trabajo siempre que tuvieran una tarde libre y sin paga por semana. Aquí la pregunta sería la de cómo quedaría el nivel de satisfacción de la gente si tuviera 10% menos de su ingreso y unas horas más de tiempo libre.

El problema que habría que resolver es el de cómo hacer que una tarde libre produjera tanta satisfacción como lo que se habría perdido por la reducción de ingreso ¿Será eso posible? En un esquema consumista, la respuesta es negativa. El trabajador valora más el salario que obtiene en esas horas que el disfrute del ocio. Pero es posible imaginar usos del tiempo que pudieran dar tanta satisfacción como las cosas que se podrían comprar con el salario ganado en ese tiempo. Y en esto, desde luego, las valoraciones son totalmente subjetivas. Podemosimaginar a quienes les satisfaría entrar en contacto con la naturaleza, hacer trabajo voluntario, estudiar un tema, compartir con amigos y parientes, disfrutar del silencio y la meditación, practicar algún deporte, producir belleza musical, plástica, literaria, mejorar su condición física, abrir espacio a la espiritualidad, o al dolce far niente. .

Los planes de reactivación, imaginan la restauración de un mundo como el de hace veinte años. Eso será imposible si los consumidores estuvieran mirando en la dirección de disfrutar de su ocio. O si estuvieran tan asustados que renunciaran al consumismo. O si por sensatez no quisieran seguir poniendo en riesgo al ambiente.

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