Darse cuenta

Publicado en La Nación el 24 noviembre, 2008
Categoría: Artículos
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“Tú oyes, pero no escuchas. Tú miras pero no ves.”Con frecuencia no tenemos conciencia clara de lo que ocurre a nuestro alrededor. Y tampoco de lo que ocurre en nuestro interior. Pensamos con ligereza que nuestro bajo entusiasmo se debe al clima que hace hoy, sin reparar en que un suceso reciente nos apagó el ánimo. Es más cómodo atribuirlo al clima que aceptarque nos dimos cuenta de nuestra dificultad para hacer algo, recibimos una censura o sufrimos una desilusión.

Darse cuenta del origen de nuestros sentimientos nos hace más dueños de nuestro comportamiento.A veces la tarea que nos molesta, no es molesta. Lo que sí lo es la forma como el jefe nos la encarga. O el compañero con quien hay que realizarla. Y a veces el compañero no es molesto, sino lo que imaginamos otememos sobre él.

Si descubrimos las verdaderas raíces de nuestros sentimientos, podemos lidiar con ellos de mejor manera. Nos hacen un encargo. Nos parece que podríamos no poder cumplir con excelencia. Entonces lo que tenemos es temor. Lo que deberíamos es pedir ayuda, o aceptar el riesgo para aprender y crecer. Pero en vez de esto, empezamos a dar argumentos de por qué no es necesario hacer esa tarea o a atribuir a falta de ingenio del jefe el que quiera ir por ese camino. Esas son racionalizaciones. Son argumentos que suenan bien, pero que desvíannuestra atención de lo que verdaderamente estamos sintiendo.

De niños, inventamos historias y nos las creemos. De adultos, deberíamos irlas desmontandopara hacer contacto con la verdad.¿Es esa persona inaguantable para todo el mundo o te toca un “nervio” específico a tí? ¿Están todos tan equivocados o es que crees que siempre tienesla razón? ¿De veras procedes siempre con rectitud o se te activa o relaja la rectitud con ciertas personas? ¿Se afloja tu espíritu crítico según de quien proceda el argumento? ¿Dejaste de interesarte en las uvas porque estaban altas o porque estaban verdes?

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