El hombre nuevo

Publicado en La Nación el 24 marzo, 2008
Categoría: Artículos
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Tanto si se tiene fe como si no, el mensaje de la importancia de dejar atrás al hombre viejo y renacer como hombre nuevo, no solo es desafiante sino saludable. Es el tema de darse cuenta de lo que no anda bien y de tomar medidas correctivas. De arrepentirse y expiar, pero también de echar a andar. De apostar a nuestro potencial y de pugnar por auspiciar sus brotes.

El mensaje de renovarse tiene sentido, desde un punto de vista puramente humano. Ni se diga para quienes lo miran desde un punto de vista trascendente.

La parte no estrictamente fisiológica de nuestra vida, entendimiento, voluntad, ejercicio de la libertad, ideales, esfuerzos de mejoramiento, posición ante lo trascendente,demandan esfuerzo y atención. Pensamos con frecuencia enel peso ideal, o la presión arterial o el perfil lipídico, pero no tanto en los estándares de lo que no es estrictamentefisiológico.

La renovación puede estar inspirada y conducida por elementos religiosos. Pero puede también estar inspirada por la racionalidad. Se puede ver los diez mandamientos como una orden divina. O se los puede ver como una receta para la buena convivencia, puesto que contienen normas sobre respeto a la vida, respeto a la verdad y respeto al otro.

Se puede aspirar a convertirnos en personas renovadas, cumpliendo unas normas externas. Pero otra vía racional podría complementar o sustituir a aquélla. La religión podría no ser fuente de normas sino una metodología para que la persona establezca sus vínculos con lo trascendente.

La vía racional habría de convencernos de que las normas morales –los mandamientos, por ejemplo- son un conjunto de señales sobre cómo transitar el camino de manera conveniente a nuestra supervivencia y a nuestra convivencia. Entonces lo que nos hace daño o hace daño a otros, estaría racionalmente proscrito y dedicaríamos nuestra energía a cultivar con esperanza la profundización de nuestro ser y la plenitud de la humanidad.

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