Pan y solidaridad

Publicado en La Nación el 17 marzo, 2008
Categoría: Artículos
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ElPadrenuestro es un mensaje de solidaridad. En las primeras dos palabras, nos conformamos como grupo extenso ya que no le hablamos al Padre mío o al de los miembros de mi club o de mi clan, sino al nuestro, al de todos o al menos al de muchos.

Posteriormente, cuando pedimos el pan, no lo pedimos para cada uno. Ya el maná que acompañó a los judíos en su peregrinación por el desierto, no aparecía en paquetes al frente de cada tienda o concentrado cerca de tal o cual grupo sino que llovía sobre todo el pueblo. Al pedirlo, como lo pedimos, comunitariamente, quedamos comprometidos a compartirlo.

En nuestro modo de organización social, obtenemos el pan y otros bienes a través del trabajo. Sin embargo, las oportunidades de obtener ingreso por mediodel trabajo, y la productividad de ese trabajo, dependen de la genética, de la salud, de la nutrición y de la educación que recibimos, de la ubicación socioeconómica heredada. Y como esas circunstancias no están y no tienen por qué estar, igualmente distribuidas, siempre habrá quienes tienen dificultad o imposibilidad para sostenerse a sí mismos. Tal vez por esa razón no pedimos trabajo sino que pedimos pan.

Entiendo el pan como los bienes que tienen relación con la supervivencia: salud básica, educación básica, satisfactores básicos de necesidades fisiológicas. Una humanidad intensamente interrelacionada a través de nexos económicos y culturales nos irá sensibilizando y entonces, por ética, por respeto a la vida, por considerarlo valioso para la convivencia, estaremos dispuestos a compartir esos bienes elementales.

Ya la humanidad pensó en esto. Y lo incluyó en la Declaración Universal de Derechos Humanosen su artículo 25, cuando dice “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

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