Estado de resultados

Publicado en La Nación el 18 febrero, 2008
Categoría: Artículos
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En el fondo todos accionamos con el fin de aumentar nuestra felicidad, pero en esa búsqueda, la guía confiable no es la lógica ni el instinto sino la ética.

Hagamos un símil con la empresa. El estado de resultados muestra las ventas, los costos y las ganancias de un período. Vender mucho no es señal de que la empresa va bien. Si vende mucho pero en cada unidad que vende produce un margen muy estrecho, luego los costos evaporan ese margen y en la última línea, lo que queda son pérdidas.

Es deseable que la empresa haga ganancias. Pero hoy sabemos que no basta con eso, sino que las ganancias tienen que ser “de calidad”. Esto quiere decir, que sean ganancias que se hacen cumpliendo con la responsabilidad social, con la responsabilidad ecológica y además, que sean sostenibles, porque no es eficaz obtener ganancias este año poniendo en peligro las ganancias futuras.

De igual manera, no todo lo que consideramos éxito conduce finalmente a una felicidad sostenible. El carterista tiene éxito cuando nos despoja. El que enfrenta una situación comprometida, tal vez tenga éxito si miente. El manipulador puede tener éxito con sus manipulaciones. El que copia en el examen tiene éxito si no lo pescan y el vivazo tiene éxito en la congestión de tránsito. Pero sumadas, ese tipo de victorias no conducen a la felicidad sostenible. Son victorias pírricas logradas a grancosto: acostumbrarnos a victorias como esas podría arruinarnos la vida.

Una regla de oro de nuestro accionar es hacer lo que nos conduzca a una felicidad sostenible. Esa es una norma ética. Y nos obliga a depurar nuestra capacidad de distinguir qué cosas son las que nos hacen felices de manera sostenible. No todo lo que da gusto, o lo que nos resulta fácil, o satisface nuestro afán de poder o de notoriedad, conduce a la felicidad sostenible.Esto hay que tenerlo claro antes de empezar a escuchar el canto de sirenas con el cual intentan seducirnos los logros a corto plazo.

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