Yo en el centro

Publicado en La Nación el 10 septiembre, 2007
Categoría: Artículos
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Seguramente sobrevivir nos ha resultado tan difícil, especialmente en las primeras semanas, que,inteligentes como somos, quedamos marcados para el resto de la vida con el ego-centrismo, que es el estar centrados en nosotros mismos y en nuestros intereses. La guerra en Irak nos preocupa menos que la lentitud del tránsito en nuestra ciudad. Y la hora de retraso que ha sufrido hoy la cena, ocupa más nuestra atención que la hambruna de turno en el mundo.

Ortega hablaba de una geografía afectiva: no pensamos jamás en Corea, hasta que un ser amado se traslada a estudiar allá. Afganistán nos parece lejísimos hasta que el nieto de una amiga se ha desplazado hacia allá con una unidad de Naciones Unidas.

Algo semejante ocurre con los malestares: sentimos más el forúnculo en nuestra nariz que la enfermedad grave del otro. Se piensa más en el pequeño daño que sufrió hoy el celular, que en el accidente de aviación que ocurrió en el otro lado del mundo.

Lo maravilloso de la vida en sociedad es que el interés individual puede ser canalizado para convertirse en beneficio social. Porque nos resulta costoso que los caminos estén en mal estado, nos organizamos para repararlos. Porque cada uno quiere poder dormir seguro, se organiza un servicio de vigilancia que beneficia a todos.

El manejo de la ira,de los impulsos violentos, le debe menos a la educación moral que a la convicción práctica de que si se anda por el mundo dándoles rienda suelta, muy frecuentemente vamos a enfrentar una aporreada.

Y, claro está, no se puede hablar de esto sin recordar a Adam Smith, para quien el panadero, produce pan no porque piense mucho en el hambre de sus vecinos, sino porque piensa en la ganancia que hará vendiendo su pan, otra forma de decir que en busca del interés individual y mediante la vida en sociedad, acabamos beneficiando a otros. Lo cual no señala que esté prohibido pensar directamente en el bien del otro, como lo hace el altruista, el generoso y el buen enamorado.

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