Bajarse el piso

Publicado en La Nación el 27 agosto, 2007
Categoría: Artículos
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En nuestros intercambios cotidianos, enfrentamos críticas ybajadas de piso. La reacción primera, natural y entendible, es la de enfrentar esa información como enfrentaríamos una demanda penal injusta, esto es, organizando una gestión de defensa. Este impulso de defensa va en la dirección de sobrevivir. La demanda, el cargo, la crítica, apuntan contra nuestro núcleo más sensible. Son un intento de hacernos pagar por algo de lo que somos inocentes o por persuadirnos de que estamos o hemos estado equivocados, lo cual es un aguijonazo a nuestra identidad porque pensamos y actuamos desde lo que somos. En una etapa superior de madurez, los ataques se reciben sin que se desencadene una emergencia defensiva, pero la reacción común es la otra.

Algunos de los embates contra nuestra manera de actuar provienen de nosotros mismos. Como cuando nos bajamos el piso: ¡Esto no me salió bien porque no estoy preparado! Lo cual tal vez tenga arreglo.O porque “siempre todo me sale mal”, afirmación que es una losa de concreto sobre nuestras posibilidades de explorar y de intentar.

Martin Seligman, fundador de la psicología positiva,en su libro “La auténtica felicidad”, recomienda que polemicemos con las afirmaciones internas que nos bajan el piso. Que desarrollemos una articulada argumentación, aportemos pruebas, pongamos entusiasmo y vigor ante el acusador temerario que está dentro de nosotros, igual que lo haríamos ante un señalamiento injusto que nos hiciera el jefe o el compañero.

Bajarnos el piso a nosotros mismos podría ser un hábito. Todo hábito produce ganancias. Quebrar un hábito es difícil. Pero el primer paso es darnos cuenta de que lo tenemos. Y luego preguntarnos cuáles son las ganancias: ¿Si me bajo el piso me veo eximido de grandes retos y combates o me veo merecedor de apoyos extraordinarios y consuelo? Y luego elijamos entre el desvalimiento y la contienda. Entre estar en la banca o en el partido. Entre ser actores o espectadores.

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