Medio siglo

Publicado en La Nación el 30 julio, 2007
Categoría: Artículos
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Hace cincuenta años fue mi primer día de trabajo. Percibía por primera vez ycasi sin entender, algo que luego fui conociendo como jerarquía, espíritu de cuerpo, sentido de pertenencia, cultura organizacional, ejecutividad, territorios, argollas, eficiencia, liderazgo, poder, resistencia al cambio, imagen. Por primera vez vi un organigrama donde aparecía ubicada la unidad en la cual iba a trabajar, en el Banco de Costa Rica de entonces,muy grande, pero que no pasaba de trescientos cincuenta empleados en todo el país.

El decreto de nacionalización bancaria, era entonces un infante de nueve años y se percibía un gran compromiso de las autoridades y de los compañeros, con la idea de la banca como servicio público y como palanca de desarrollo. Se vivían tiempos de entusiasmo fundacional.

Fueron años en que esas primeras relaciones interpersonales con motivo del trabajo representaron valiosas oportunidades de hacer aprendizajes perdurables. Mucho de lo que he escrito sobre liderazgo y jefatura, encuentra su ilustraciónen unos cuantos hombres –entonces no eran frecuentes las jefaturas en manos femeninas- que eran modelos de integridad, con más o menos conocimiento técnico, pero todos con el carácter requerido para el cargo.

Los jefes, como los padres y como los maestros, hacen un trabajo trascendente, que penetra en el futuro, lo sepan o no, lo intenten o no. Con su excelencia modelan el comportamiento de sus colaboradores. Con su exigencia plantean un reto desarrollante. Y con su conducta general, desarrollan lo que en pedagogía se denomina el “currículo oculto” y van sembrando valores y hábitos. Los compañeros y compañeras, cuando desarrollan sus vidas apegadas a valores, también aportan ejemplo, guía y estándares.

Esta reflexión tiene el propósito de que quienes laboran en las empresas, descubran el contenido formativo de su accionar y tengan la visión de que la excelencia de hoy, penetra en el futuro como una influencia positiva,de maneras que tal vez no percibimos todavía. Por eso vale la pena el esfuerzo.

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