La elocuencia del gesto

Publicado en La Nación el 29 mayo, 2006
Categoría: Artículos
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Nuestra cultura nos hace ser muy verbales. Creemos que hay que decir todo con palabras. Por eso abundan los discursos, y los mensajes escritos.Las hormigas, que según parece constituyen una especie muy exitosa,no se dicen nada con palabras, pero se dan muchos mensajes de otra manera. Sin embargo, vamos avanzando en la dirección de despojar de palabras a algunos mensajes. El semáforo en la esquina transitada, mediante la simple luz verde,nos da una información que oralmente seríacomo lo siguiente: ahora vamos a interrumpir el tránsito de los vehículos que están en las vías perpendiculares a ésta en la que usted se encuentra. Por tanto, puede usted avanzar.

Lo mismo se simplificaría nuestro trabajo y nuestra vida habitual, si en vez de tenerle tanta fe a los discursos, se la pusiéramos a los gestos. Un gesto es una acción simbólica, que igual que un ideograma chino, puede en su simpleza estar cargado de significado. En vez de hacer grandes comunicados sobre la necesidad de ser puntuales, mucho más significado tendría que mañana por la mañana, encontráramos al jefe en su escritorio diez minutos antes de la hora de inicio del trabajo. Si en vez de lecturas, habladas y propósitos sobre la vida sana, camináramos mañana quinientos metros más hasta el lugar de trabajo, pusiéramos una cucharada menos de azúcar al café o utilizáramos sal “lite” en la ensalada.

En vez de encargarle a una comisión que nos haga una propuesta sobre gestión del conocimiento en la empresa, reunámonos hoy por la tarde para elaborar una lista sin pretensiones, sobre formas de acopiar conocimientos útiles a la empresa, a quiénes distribuirlos ycómo guardarlos de manera que cuando se los necesite sean accesibles.

Al hacer las cosas, sin estridencias, sin alharaca,la determinación, la prontitud, la claridad, la serenidad con la que se hacen, constituyen gestos de que se las está haciendo en serio y que se las va a llevar hasta el final, pase lo que pase.

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