El estrés anda suelto

Publicado en La Nación el 13 marzo, 2006
Categoría: Artículos
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La vanguardia económica del mundo, la van ocupando los países y las personas que utilizan más intensamente el conocimiento. Los productos más valiosos son aquéllos cuyo componente de valor consiste en conocimiento. Más personas están dispuestas a pagar más dinero por un teléfono celular que por una linda mesa tallada a mano.

El trabajador del conocimiento, es un capitalista. Todos los retos que enfrenta y resuelve,aumentan su capital personal de conocimiento. No deja la fuerza muscular día a día en el trabajo sino que día a día aumenta su conocimiento con ocasión del trabajo.

Pero esta civilización de conocimiento carece de estabilizadores emocionales automáticos. El trabajador muscular, cuando está cansado, se ve forzado a descansar porque se lo exigen sus músculos. Sabe que si no duerme una noche completa de sueño, al día siguiente no tendrá fuerza suficiente para enfrentar sus tareas. Su propio cuerpo le va dando señales de cómo dosificar trabajo y reposo. También la naturaleza le concede sus pausas: el agricultor artesanal, no puede atender su campo cuando llueve. Ni puede atenderlo de noche.

El trabajador del conocimiento trabaja con su pensamiento. El cansancio se desvanece con la quinta taza de café o el psicotrópico que le recomendó un amigo. La noche no es obstáculo para seguir trabajando, porque de todas maneras, en Japón es de día. Por tanto, el trabajador del conocimiento vive en un mundo bastante alejado de lo natural, lo cual desactiva sus estabilizadores emocionales automáticos. Es difícil imaginar a un obrero manual excediéndose en su trabajo hasta llegar a la postración nerviosa,pero sí presenciamos con frecuencia a ejecutivos y profesionales estresarse hasta enfermar.

Tiene el trabajador manual otro consuelo: cada clavo que pega, cada golpe que da, van quedando ahí a la vista como testimonio de que su esfuerzo va produciendo resultados. El investigador, el político, el escritor, el maestro, el ejecutivo, viven una vida de incertidumbre. Haciendo cosas que de momento no se puede ver si van en la dirección correcta o si producen los resultados deseados, porque todas dan frutos diferidos. Desde el punto de vista de nuestro equilibrio emocional, quizá estamos transitando descuidadamente por un territorio enteramente nuevo y quizá sea urgente adaptar a éste las viejas recomendaciones sobre salud mental.

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