Pastorear el ser

Publicado en La Nación el 26 diciembre, 2005
Categoría: Desarrollo
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Es maravilloso darse cuenta de que las cosas podrían no ser. En vez de lo que hay, podría no haber nada. Las cosas son. Nosotros somos. En vez de compartir como compartimos el serde las cosas que son, las cosas y nosotros podríamos no ser y entonces todo sería nada.

Una piedra es. Un águila también es. La piedra no puede ser águila. Ni el águila ser más plenamente águila. Es el águila que es y hasta ahí llegará. Como el árbol es el árbol que es y hasta ahí llegará. Pero el ser humano es un ser al cual se le abren grados de ser. Una persona pensante y reflexiva es más plenamente humana que una no reflexiva. Y el más pensante de los pensantes, si no ama, si está centrado solo en sí, si no se abre hacia los demás, uno o muchos, es menos plenamente humano que quien ama y está abierto al amor.

Pienso que pastorear el ser es aceptar el desafío de conducir la porción de ser que a cada uno corresponde –podríamos no ser, pero somos-hacia grados de mayor profundidad en el despliegue de ese ser.Pensar, crear, comunicar, amar, son las avenidas a través de las cuales podemos ir desplegando el potencial del ser.Por eso el estudio, la reflexión, el trabajo, la palabra y el corazón son los vehículos a través de los cuales podemos transitar por esas avenidas. De lo que se trata es de recorrer el camino desde la cuna hasta el cumplimiento del sentido de nuestra vida.Desde la potencia pura de la concepción, hasta la madurez que nos hará sentirnos listos para la siega. Desde la posibilidad hasta la auto realización.Todo ser humano es un pro-yecto, un lanzamiento hacia delante. Vivir es ir modificando y completando la trayectoria que falta. La otra, la recorrida, ya es historia.

En estos tiempos en que más y más personas son trabajadores del conocimiento,siento que se abren a la creatividad, al pensamiento sistemático, a la colaboración para el logro de metas, a la solidaridad, dimensiones que implican un corrimiento de la frontera de lo humano y una exaltación de lo cotidiano conchispazos de espiritualidad, como si los tiempos que corren fueran de esos en los que, al decir de Ortega,parece que Dios está más a la vista.

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