Liderazgo y fortaleza

Publicado en La Nación el 19 diciembre, 2005
Categoría: Artículos
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La acción humana por el hecho de lidiar con la incertidumbre que envuelve al futuroy con las complejas e impredecibles circunstancias de la realidad, demanda un cierto temple del ánimo. Accionar es como introducir insumos en una caja negra dentro de la cualno se sabe lo que está ocurriendo. Los resultados que se obtiene, a veces son más que proporcionales, a veces imperceptibles. Nos preguntamos entonces si estamos haciendo lo que hay que hacer para obtener los resultados deseados. Eso ocurre en la acción individual, en la empresarial y en otros esfuerzos de mayor dimensión como cuando se conduce una guerra, se lidera un partido político o se preside una nación.

Reputados autores coinciden en que para conducir esos esfuerzos, son más necesarias las virtudes que las técnicas. Una virtud es un buen hábito. La diligencia, la rectitud, la integridad, son buenos hábitos indispensables para conducir a otras personas en una determinada dirección.

La fortaleza es una de esas virtudes, entendida para estos efectos como la disposición a enfrentar las dificultades con buen ánimo. El no “echarse a morir” cuando los resultados son adversos. La fortaleza, especialmente en culturas machistas como la nuestra,puede confundirse conlaprepotencia.Pero la verdadera fortaleza es discreta, no es exhibicionista, no se difunde por altoparlantes. Es una resolución íntima de cada persona ante la adversidad, ante la dificultad, ante la perspectiva de tener que redoblar esfuerzos. Quien es valentón, podría no ser valiente. Y nunca sabemos cuán valientes somos hasta no vernos demandados por las circunstancias.

Hay una frase que describe muy bien una versión de la fortaleza: “El valor, es el miedo que ya ha rezado sus oraciones”. Ni las amenazas ni las dificultades son bienvenidas. Pero pasada la conmoción inicial, va cuajando la resolución de enfrentarlas con el ánimo sereno de quien no las busca, pero tampoco las rehúye. Ese es un signo de lavirtud de la fortaleza , apreciada primero por Aristóteles e introducida por Tomás de Aquino como virtud fundamental de los cristianos.

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