La niebla de la guerra

Publicado en La Nación el 12 diciembre, 2005
Categoría: Política
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He visto el documental que lleva ese nombre. Consiste en una amplia entrevista, de cerca de dos horas, a Robert Mc Namara, quien fuera Secretario de Defensa de Estados Unidos de América, durante los gobiernos de Kennedy y parte del de Johnson, y a quien le correspondió enfrentar una etapa álgida de la guerra en Viet Nam. El término “niebla de la guerra” se debe a un tratadista de estos temas llamado Carl von Clausewitz quien lo acuñó en 1830 para designar la nube de incertidumbre que desciende sobre el campo de batalla una vez que comienzan las hostilidades, y quepodríamos traducir diciendo que hay asuntos que se sabe cómo comienzan pero no se sabe cómo terminan.

He sostenido por muchos años, que los conocimientos, destrezas y actitudes que se requieren para conducir una empresa, coinciden con los que se requieren para conducir una nación. Lo cual no quiere decir que sea lo mismo ser gerente que ser presidente.

A Mc Namara lo fue a cortejar Kennedy a la Ford Motors, donde ocupaba la presidencia. En la película podemos entrever el conflicto de Mc Namaraentre mantenerse en una posición complicada, bien remunerada en una empresa privada y aceptar un puesto público complicado, mal remunerado,pero parte de una administración iluminada por la visión entusiasmante con la que Kennedy supo sustentar su paso por la Presidencia.

Todas las administraciones son entusiasmantes cuando empiezan, todavía rodeadas de los clamores del pueblo y de la adrenalina que el triunfo moviliza. Pero es necesario contemplar también, la magnitud de las dificultades que vienen después y estar muy prevenido sobre la incertidumbre que cubre no solo a los campos de batalla sino a todos los campos de acción, en las empresas y en los países.

La meta de una campaña política es el triunfo. Pero esa no es su finalidad.Mc Namara y sus aprendizajes, algunos amargos y dolorosos, podrían agregarle sobriedad a las escaramuzas que veremosantes del primer domingo de febrero, puerto de destino para los politiqueros que solo aspiran a ganar, pero principio del camino para los estadistas, que sienten el peso de la responsabilidad de gobernar.

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