El microondas

Publicado en La Nación el 30 mayo, 2005
Categoría: Cambio
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Quienes trabajamos con procesos de cambio, soñamos con la posibilidad de encontrar elementos o eventos que inicien cambios y que los hagan irreversibles. El cambio siempre tropieza con resistencias. Y las resistencias no desaparecen con el inicio del proceso. Aun cuando ya se siente que el cambio está aquí para quedarse, se puede detener y puede retroceder. De ahí la ilusión de encontrar eventos, decisiones, prácticas que hagan imposible que el proceso de cambio, iniciado y llevado adelante con dificultades, se detenga y eche para atrás.

Entiendo poco de liberación femenina. Pero creo que las amas de casa han soñado con recibir mas ayuda, de parte de parejas e hijos,en sus labores domésticas. Y todos los varones somos testigos de cuántas veces iniciamos un cambio en esa dirección y con cuánta frecuencia, el proceso de cambio, echó para atrás. Por eso resulta llamativo todo lo que ha ocurrido con la introducción del horno de microondas. Me parece que muchos varones que teníamos poca inclinación a la colaboración en la cocina, ahora sentimos que es sencillo, rápido, nítido,calentar nuestra cena que no comimos a su hora.

Dejada al vuelo libre la imaginación, podríamos pensar que la cocina – el hogar, la cocina de leña, la cocina eléctri – constituían elementos no masculinos. Por alguna razón el microondas rompe ese prejuicio, y la colaboración masculina, justa, saludable, equitativa, se ha establecido sin posibilidad de retroceso.

Siempre hemos sabido, tal vez desde los experimentos de Hawthorne,que la tecnología condiciona el comportamiento en el trabajo. Ahora sabemos que reblandece también los paradigmas patriarcales o machistas, lo cual no es poca cosa. Y tenemos otros fenómenos a la vista. Por ejemplo, el correo electrónico, que reduce la necesidad de contacto cara a cara,paradójicamente, nos permite establecer relaciones de cercanía con personas con las cuales ni soñábamos en comunicarnos. Vemos la dirección decorreo electrónico del autor en un libro, y nos sentimos invitados a plantearle una pregunta. Nos sentimos más inclinados a enviar un comentario o un saludo a una persona amiga,por esa vía,que si tuviéramos que escribir una tarjeta y ponerla en el correo “físico”. Creo que los procesadores de palabras harán más por el uso de la lengua escrita, que miles de exhortaciones de nuestros profesores.

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