Método científico

Publicado en La Nación el 16 mayo, 2005
Categoría: Artículos
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La reciente distinción recibida por el Dr. Pedro León, al ser incorporado a la Academia de Ciencias de los Estados Unidos de América, es un evento del cual nos sentimos orgullosos y que deberíamos aprovechar por su valor educativo. No todos estamos llamados a ser científicos pero sí todos estamos llamados a utilizar sistemáticamente nuestra capacidad de pensar. Sin desdeñar la intuición, que es tan valiosa. O los conocimientos que proceden del corazón,”que tiene razones que la razón no comprende”.Pero para todo lo demás, la ciencia.

La economía del conocimiento, que considera que la materia más valiosa que le agregamos a los productos es el conocimiento, demanda que fomentemos el espíritu científico, lo cual no quiere decir que tenemos que pasar la vida entre probetas, balanzas y voltímetros, sino que hemos de pensar según el método científico.

Lo primero es cultivar la inquietud. Tener la capacidad de dejarnos sorprender por las cosas. No pasar la vista sobre la realidad como si ya la conociéramos. Nunca acabaremos de conocerla.La inquietud lleva a la observación. Si miramos las cosas con disposición a que nos sorprendan, seremos observadores atentos, respetuosos, entusiastas. No se trata de decir cómo deberían ser las cosas sino de observar cómo son. ¿Cuáles cosas? ¿El espacio exterior? No. Mire con inquietud un simple fósforo y haga una lista de todo lo que observa. Si observa menos de diez rasgos, siga observando. A mí me salieron veintitrés.

Para el científico –y para el ser humano que piensa sistemáticamente- los hechos deben ser respetados. Entonces no diríamos “yo creo” sino que constataríamos y reservaríamos nuestra opinión solo para los asuntos para los cuales no hay hechos suficientes. El respeto a los hechos, nos vendría bien tanto en la descripción de eventos naturales como en los sociológicos, políticos, empresariales. Por ahí empieza la objetividad entendida como aceptación de la realidad.

Deberíamos aplicar la experimentación en nuestros asuntos personales preguntándonos frecuentemente “qué pasaría si cambiara tal o cual”, cambiándolo y verificando lo que ha pasado, así descubrirá que no hay agüizotes ni amuletos.Y desde luego, hemos de tener apertura aque se nos muestre los errores en que incurrimos, lo cual nos vendría bien porque suavizaría nuestros prejuicios,dogmatismos y rotundismos.

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