Encaramarse

Publicado en La Nación el 9 mayo, 2005
Categoría: Desarrollo
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Dice una noticia publicada días después de que fuera electo el nuevo Papa,que el entonces Cardenal Ratzinger le pidió a Dios que no lo eligieran. Confiesa que sintió angustia cuando vio que iba a ser elegido y que llegó incluso a pedir a Dios que escogiera a otro “más fuerte”, y que según se iban descubriendo los votos de los cardenales en el Cónclave sintió como si “una guillotina” se fuera acercando hacia él y pidió a Dios que le “evitara ese destino”.

La experiencia de no querer ser distinguido con un nombramiento importante, no es insólita entre las personas de gran desarrollo espiritual. Pero ¿Qué ocurre frecuentemente, en los asuntos de la empresa y de la administración pública? Salvo excepciones, quien más quien menos está dispuesto a postularse para llegar a ser diputado, ministro o contralor.¿Cuál será la dinámica que mueve esto?

La persona madura, que ha tenido un cierto desarrollo espiritual, sabe muy bien elegir sus objetivos. Para ella, el impulso de querer estar “arriba” –por poder, por dominio, por control-se ve enfrentado a otros impulsos menos biológicos, más propiamente humanos. Piensa entonces si tiene las competencias para desempeñar bien la función. Si el nuevo cargo es coherente con otros objetivos superiores. Si el puesto posible llena sus necesidades éticas y estéticas.

La gran tentación, en la administración pública y privada, es que los puestos “de arriba” tienen mayor remuneración. Y entonces, seducido por eso, un excelente médico acepta ser director de la clínica, un excelente profesor se convierte en director de su departamento, muchas veces sin tener las competencias y entonces en perjuicio de la eficacia. Así hemos escuchado en las universidades “perdimos un buen profesor y ganamos un mal decano”.

Sin embargo, he visto –pocas veces- a personas que dejan pasar la oportunidad de una promoción bien porque tienen una adecuada conciencia de sus fortalezas y de sus debilidades, o porque valoran otras cosas más que el ingreso: una vida más simple, menos líos, más tiempo libre, menos preocupaciones, menos stress y se dan cuenta de que todo lo que obtenemos tiene un costo de oportunidad: si decido hacer esto tengo que dejar de hacer lo otro.

En algunos casos, supongo que el del Papa, se tiene claro que en una misión trascendente, da lo mismo tocar las campanas que enseñar teología. Que la palabra ministerio significa servicio.Y que más importante que dónde se sirva, es cómo se sirva.

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