Heroísmo

Publicado en La Nación el 11 abril, 2005
Categoría: Artículos
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El heroísmo es muy bien valorado. El heroísmo de otros. ¿Y el heroísmo nuestro? ¿Es posible ser héroe? ¿Es necesario ser héroe? Aunque las guerras desaparezcan, seguirá existiendo la posibilidad de ser héroe. Si lo vemoscomo un problema de energía, el heroísmo es concentración de energía para lograr algo que parece muy difícil y que además es muy riesgoso. Desde un punto de vista de quiénes son los beneficiarios, diríamos que el heroísmo es una acción de uno o pocos que hacen algo en beneficio de muchos. Recordemos a Churchill: Nunca tanto se le debió por tantos a tan pocos.

Hay heroísmo en hacer algo difícil, en negarse a sí mismo. Hay heroísmo en la autodisciplina de quien realiza un esfuerzo de desarrollo personal, ya se trate de sus estudios, de adquirir unas destrezas, practicar un deporte, profundizar en un arte o dejar de fumar. He visto héroes en el personal de las empresas haciendo esfuerzos para contribuir a programas de mejoramiento continuo. Hay heroísmo en emprender algo riesgoso, ya se trate de desarrollar una empresa o de sostener un punto de vista que se juzga correcto aunque resulte impopular. Hay heroísmo en elegir un rumbo que no va a favor de la corriente. Lo hay en quienes emprenden actividades de beneficio público en medio de la sordera de las mayorías. Y en quienes emprenden proyectos de desarrollo de sus comunidades, de mejoramiento de la seguridad de sus vecindarios, sabedores de que las mayorías no estarán dispuestas a colaborar, aunque sí estarán dispuestas a disfrutar los beneficios que se logre.

Admirar el heroísmo, admirar la virtud, es rendirles un homenaje abstracto. Aplaudir a Juan Santamaría es igual que haberlo empujado: que hagan el sacrificio otros, que nos salven otros. Y peor es sentirnos héroes en el otro. Ufanarnos de que Franklin Chang es nuestro coterráneo es querer participar de los frutos de su heroísmo y su excelencia. Atesorarla estampita que nos recuerda que un día aplaudimos en la Nunciatura aJuan Pablo II, es arrimarse a su aureola heroica.

Sería muy fecundo traducir los ejemplos heroicos inscritos en la historia, en pequeños propósitos y desafíos para nuestra vida cotidiana. ¡ Estudiantes:además de batir los tambores,afilen el lápiz! ¡Adultos: además de saludar la bandera, pongámonos las pilas!

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