Problemas de química

Publicado en La Nación el 4 abril, 2005
Categoría: Convivencia
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Existen los problemas de “química” en las relaciones interpersonales. Sentimos distantes o repelentes a personas con las que nunca hemos interactuado. Y nos sentimos atraídos y bien dispuestos con respecto a otras. Lo que creemos de una personanos llega por varias vías. Primero, percibimos algunas cosas: cómo habla, cómo gesticula, cómo mira, cómo se mueve. Segundo, nos formamos fantasías. Simira el reloj tenemos la fantasía de que se está aburriendo. Si expone con orden, fantaseamos que nos intenta dar una lección.

Esas fantasías no son neutras. Reaccionamos a ellas: si sentimos que nos están dando una lección, afirmamos que ya entendimos o que cualquiera sabe eso. Así contribuimos a que la relación con esa persona se perturbe.

Algunos psicólogos dicen que cuando alguien nos irrita es porque nos muestra en su comportamiento algo que nos disgusta en el nuestro. Un narcisista no soporta a otro narcisista. Quien se sabe lento para tomar decisiones, no soporta la indecisión de otro.O quizálos rasgos del comportamiento del otro nos irritan porque evocan recuerdos desagradables: el maestro petulante, la madre regañona, el padre autoritario.

Un buen camino para resolver problemas de “química” consiste en darse cuenta de que la persona se comporta como se comporta porque sí y no con el ánimo de irritarme. Luego, con sencillez, deberíamos preguntarnos ¿Qué hay en mí que no me gusta y que esta persona me lo recuerda?O ¿A quién me recuerda esta persona con sus rasgos que me irritan?Luego, con calma, con transparencia, debería preguntarme qué efecto tienen sobre mí esos rasgos de comportamiento que me irritan: ¿Me ofenden, me retan, me atemorizan? ¿Me siento cuestionado, censurado o avergonzado?

Todo esto conviene no solo pensarlo sino escribirlo en un papel que luego destruiremos o comentarlo con honestidad a un tercero cercano. Y si el problema de “química” ha surgido con alguien con quien antes teníamos una buena relación, podríamos con mucha cautela, contarle lo que andamos sintiendo y hacerle algunas peticiones sobre los rasgos de comportamiento que ahora nos hacen reaccionar.Esto es construir un pararrayos. Nuestra intención no es ponerle fin a la rayería, sino que no le haga daño a nuestra relación.

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