Estar desempleado

Publicado en La Nación el 28 febrero, 2005
Categoría: Contribución
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Aquíescribimos casi siemprepara personas que desarrollan actividades productivas. Hoy vamos a escribir para los desempleados. El desempleo tiene unas consecuencias objetivas: falta de ingreso, exceso de tiempo disponible, privación de relaciones con compañeros. Y se ve rodeado también de fantasías y temores: Ahora nunca conseguiré trabajo; temo a la miseria; no sirvo para nada; me lamento de no haber estudiado o de no haber cambiado de empleo; me siento culpable por haber sido negligente o por no haberme reído de todos los chistes del jefe; no me siento digno de respeto; mi pareja se alejará de mí; mis hijos se avergonzarán de mí.

Algunos de esos temores son absurdos. Muchas situaciones temidas, jamás ocurrirán.Ninguno nos ayudará a salir de la situación sino que causan sufrimiento. Cuando nos hacemos conscientesde ellos, reducen su intensidad o hasta empiezan a desaparecer. Cuando distinguimos entre cuáles son las consecuencias objetivas de estar desempleado y cuáles las subjetivas o emocionales, tenemos mayor control de la situación,nos podemos concentrar en el reto y se desvanecen los fantasmas que lo acompañan.

Los buenos resultados no se producen sin nuestra intervención. Especialmente en ciertas circunstancias, es difícil conseguir trabajo. Pero esa dificultad no debe desalentar los esfuerzos para volver a emplearse: enviar solicitudes, currícula, contarle a mucha gente que se está disponible. Lo desagradable de la situación puede tentarnos a no hacer nadacuando lo único que puede cambiarla es ir haciendo esfuerzos perseverantes. A Diosrogando y con el mazo dando.

El valor de una persona se mide mucho en las sociedades modernas, por lo que gana, como un indicador de su capacidad de producción. Esa visión es miope.Un anciano retirado que habla con sus nietos tiene valor para ellos. La madre que está presente en el hogaraunque no tenga un sueldo, es valiosa para sus hijos y su esposo. Una rosa en el jardín, el perrito de la casa, el pájaro que canta en la mañana, no tienen sueldo ni rentabilidad y sin embargo hacen nuestra vida más feliz y por tanto, crean valor. Aunque no tengamos trabajo, podemos crear valor.

Como personas, siempre estamos en crecimiento, en desarrollo. Las distintas circunstancias excepcionales por las cuales vamos pasando, son oportunidades para crecer o para desarrollar áreas que en la vida normal no utilizamos. Nadie busca la enfermedad, pero la enfermedad nos da una gran capacidad para apreciar la salud, para robustecer la voluntad y aceptar el malestar, el dolor, las limitaciones. El desempleo es como un viaje por un territorio difícil, lo cual puede fortalecer distintas áreas de la persona. Tal vez su realismo. Tal vez su valoración de lo que tiene. Tal vez su diligencia. Tal vez el descubrimiento de que usted es una personavaliosa aunque esté desempleada. Tal vez la valoración del consuelo y del apoyo que le dan los demás.Hay que saber encontrar lo bueno de lo malo.

En un medio tan mercantilizado como el que viven las sociedades modernas, no tener trabajo podría interpretarse como “no ser útil”. Eso podría poner en peligro mi autoestima. Tenemos que entender que muchas personas muy valiosas no encuentran trabajo por causas puramente circunstanciales. Veámonos como organismo que funciona. Eso es valioso. Como mentalidad que piensa, que propone, que discurre, que escribe. Eso es valioso. Como persona que siente, que sueña, que ama, que anhela, que es capaz de pensar en otros y de desviarse del camino para hacerles bien. Eso es valioso.

Otra actitud que nos hace daño es ver la falta de trabajo mágicamente. Y entonces atribuirla a la mala suerte.

Podríamos ver nuestra falta de empleo como problema nacional. Es cierto que hay situaciones inexplicables, como la dificultad que tienen personas de cuarenta años para conseguir empleo. Pero no gastemos mucho tiempo en criticar al país. Si fuéramos políticos o tuviéramos poder, deberíamos enfrentar el problema de esa manera. Pero como personas individuales, eso podría amargarnos y distraernos de las acciones concretas que deberíamos desarrollar.

Cuesta mucho hacer esto, pero cuando estamos sin trabajo deberíamos hacer un inventario de cuáles son nuestras ventajas competitivas, nuestros puntos fuertes, aquéllas cosas que hacemos con maestría, que nos salen bien. Deberíamos hacer listas de las cosas que realmente nos gusta hacer. En la crisis del desempleo se trata de conseguir cualquier empleo, pero eso no debe hacernos ignorar que el mejor empleo es aquél en que coincide una actividad que me guste profundamente, con unos requerimientos que yo los pueda ofrecer de sobra.

Hay que combatir primero en el frente interno, emocional, para liberar energía para el problema objetivo de buscar ingreso. Porque lo que se busca es ingreso, no trabajo. Con esa energía liberada veremos mejor las oportunidades.

En una oportunidad en la que terminé una relación laboral y me preparaba para enfrentar el costo emocional de la circunstancia, un amigo me aconsejó que aunque iba a tener tiempo de sobra, me hiciera un programa de manera que yo controlara mi tiempo. Se trataba de hacer un programa y decir a qué hora iba a leer, a qué hora iba a escribir algunas cosas, a qué hora iba a hacer ejercicios, a qué hora a visitar a algunas personas.Creo que necesitamos manejar nuestro tiempo con una cierta estructura. No es sano levantarse cada día sin saber qué es lo que vamos a hacer.

No olvide que hay cosas valiosas que podemos hacer y que no tienen valor de mercado. Hacer pasteles tiene valor de mercado. Contemplar un paisaje, leerle un cuento a un anciano, acompañar a un amigo en un asunto importante, no tienen valor de mercado –nadie nos va a pagar por ello-pero sí tienen valor. Si nadie nos contrata, no descuidemos lo que somos capaces de hacer aunque no tenga valor de mercado.

Expóngase al mercado. A veces ofrecerse a hacer trabajos voluntarios es una buena forma de exponerse.

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