El Cid Campeador

Publicado en La Nación el 21 febrero, 2005
Categoría: Artículos

Siempre me ha conmovido el relato de cómo el cadáver del Cid,atado a un caballo y líder de sus tropas, puso en retirada a sus enemigos. La muerte, la vejez, la limitación, tienen mala prensa. Intentamos invisibilizarlos. Miramos en otra dirección.En estos días el mercadeo publicita la salud, la belleza física, la fuerza, el poder. Con tanta intensidad que hace vacilar ala conciencia colectiva sobrelo que es esencial y lo que es accesorio en el ser humano y embarca a muchos, con Ponce de León a la cabeza, en la búsqueda de la fuente de la eterna juventud.

Dicen que Stalin, cuando sus consejeros le dijeron que auspiciando el catolicismo, se podría congraciar con el Papa, replicó “Y cuántas divisiones tiene el Papa”.En la guerra, y parece que en la política, lo que cuenta es el poder medido en capacidad de fuego o en poder de convocatoria. Y entonces blofear, fingir, pretender ser lo que no se es, construir fachadas, es un comportamiento no solo aceptado sino recomendado.

Loparadójico es didáctico y entusiasmante. Nos llena de energía, quizá porel contacto de los opuestos. Pensar en el poder de los débiles, en la riqueza de los pobres o en la elocuencia de los silenciosos,nos moviliza porque son pensamientos paradójicos. Vemos entonces la imagen admirada de Gandhi de pie, envuelto en un trapo, desafiando al Imperio Británico. O vemos a Espartaco en pos de un ideal con el cual logró alborotar a miles de esclavos. O a Martin Luther King pregonando que tenía un sueño. O a Albert Schweitzer. O ala Madre Teresa.

En estos tiempos, pareceparadójico tener una posición de liderazgo y exhibir debilidad, enfermedad,inseguridad, o ineficiencia. Warren Bennis, experto en el temaseñala, en cambio,que el papel del líder consiste en entusiasmar. Que para ello, hay que ser uno mismo, y no actuar sino expresarse auténticamente. Hay que saber exigirse a sí mismo más que a los demás. No hay que rehuir el sacrificio ni la autodisciplina.

Como estudioso de la acción humana, me impacta el Papa Woytila. Debería renunciar, ocultarse, desaparecer, si su propósito fuera conducir a sus seguidores hacia la eficiencia, la espectacularidad o el poder.Pero si su propósito es mostrar el valor esencial del ser humano, mostrar el poder de la flaqueza, el sentido del dolor, el palpitar del espíritu a pesar de la carne maltrecha, mostrar fidelidad a lo que él siente que es su llamado, entonces su permanencia en el puesto lo transformade mensajero en mensaje.Enseña con su precaria presencia que hay algo que está más allá de laeficiencia, del poder, de la imagen.

Sus seguidores transitan por la cuaresma, tiempo de penitencia, de silencio, de privación. Con su ejemplo, ellos y el mundo, tienen un motivo de auto reflexión, que bien aprovechado, podría conducir a un reordenamiento de aspiraciones, que privilegie las esenciales sobre las accesorias. Afán que es paradójico en un mundo que en vano intenta abrevarse de trascendencia en la ciencia y en la técnica, que nos han puesto frente a una vitrina material exuberante , la cual no se cansa de repetir que tener es más importante que ser.

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