De nuevo a clases

Publicado en La Nación el 31 enero, 2005
Categoría: Aprendizaje
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El libro “Mientras el futuro te alcanza”, de Juan Enríquez, es una campanada que la podríamos resumir de esta manera: si no aprendemos a incorporarle conocimiento, materia gris, a las cosas que hacemos, como individuos y como país, estaremos cada vez a mayor distancia productiva de quienes sí lo hacen. El conocimiento,primero es inquietud, luego barrunto, luego ensayo o hipótesis, luego investigación y finalmente teoría; todo envuelto en entusiasmo, en pasión. Para crear conocimiento tenemos que mantener activas todas esas etapas y esos dos estados del ánimo. Lo que se ha dado en llamar capital humano, es la capacidad que tienen las personas, las empresas y los países,de generar un sentido, de pensar, de producir. El capital humano se forma, se desarrolla.

En una semana, maestros, niños y jóvenes volverán a clases. Todos saben los logros concretos que tratarán de obtener, pero todos esos logros concretos se inscriben en unos cuantoslogros generales: mostrar las posibilidades y consecuencias de la libertad individual, mostrar las ventajas individuales y sociales de unos comportamientos sobre otros, entusiasmar a los estudiantes en la búsqueda de explicaciones verdaderas, conocer las bondades y limitaciones del método científico

Lospadres que visualizan el inicio de lecciones, como la fecha para “enviar alos niños a la escuela”, o peor, “para volver a meterlos en la escuela” podrían ser una de las causasdel problema educativo nacional. Los padres no “enviamos” a los niños a la escuela. Lo correcto es pensar que nos asociamos con un sistema educativo para continuar la educación de nuestros hijos, la cual hemos iniciado desde su nacimiento. Pensar que es ahora que van para la escuela,cuando se inicia su educación, revelaríaque no valoramosel haberles enseñado las fases de laluna, el hielo que es agua inmóvil, el cambio de las estaciones y la importancia de rezar para alabar y no para quitarse el miedo.

Los padres que ven al sistema educativo como el responsable de la educación de sus hijos, inducirían a los maestros a pensar que el acto educativo es un acto técnico, como programar un electrodoméstico o afinar un motor. Educar no es un acto técnico. Educar es un acto humano que los padres inician y los maestros continúan. La educación formal es una aplicaciónde la especialización: es más eficaz concentrar en la escuela los recursos, el tiempo,los esfuerzos, las personas con entrenamiento y no poner la tarea en los hombros de los padres. Pero la responsabilidad por la educación de sus hijos, sigue siendo de los padres aunque existan establecimientos eficaces de enseñanza.

Para mostrar las posibilidades de la vida buena y feliz, para entusiasmar con la verdad y con la ciencia como instrumento, no bastan los maestros. Es necesario que el niño reciba señales de que sus padres están vivamente interesados en lo que ocurre en la escuela: en el esmero de enviarlos bien presentados, en el cariño con el que se les prepare la lonchera, en el respeto y aprecio con el que se hable de los maestros en casa, en la forma desarrollante con la que se conduzca al niño a enfrentar sus dificultades escolares. Así los niños verán la escuela como una etapa disfrutable de su vida y no como un engorroso trámite del cual hay que sacudirse pronto y con el menor esfuerzo.

Los maestros harían bien en dedicarse a entusiasmar, a despertar inquietudes. Cuando hacen eso, los niños naturalmente demandan conocimiento. Y en esta actividad, más importanteque dar de beber, es despertar la sed y señalar los manantiales. Hacer eso a pesar del bullicio de los niños, de su afán permanente por jugar, de las bajas remuneraciones y de la infraestructura escolar, a veces llega a extremos de heroísmo. Dichoso el país cuyos héroes están en las escuelas. Podrá estar seguro cuando el futuro nos alcance.

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