Accionar con diligencia

Publicado en La Nación el 17 enero, 2005
Categoría: Artículos
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Contra pereza, diligencia, nos decían los mayores cuando se nos hacía cuesta arriba ir a la escuela el sábado por la tarde. Sí, correcto. En ese tiempo el fin de semana no empezaba con el happy hourdel jueves.La palabra diligencia tiene el significado de ser cuidadoso y eficaz en la ejecución. Evoca la prontitud, la agilidad, la prisa.Pero en su origen la palabra se relaciona con el amor, igual que la palabra dilección. Y en los textos jurídicos aparece con el significado de cuidado, celo, solicitud, esmero, desvelo en la ejecución de alguna cosa, en el desempeño de una función, en la relación con otra persona.

De niños nos contaban cuentos donde ocurrían cosas maravillosas sin que sus beneficiarios se las propusieran. El sapo aquél que se le convierte en príncipe a una señorita; y el servicial genio que sale de la lámpara con solo frotarla, son paradigmas de obtención de grandes ganancias sin que tengamos que despeinarnos en el esfuerzo. Muchos en su adultez siguen esperando que exista la piedra filosofal que convierte en oro todo lo que toca, o la varita mágica con la cual señaláramos un rincón de la realidad para transformarla a nuestro gusto y placer. O el ábrete sésamo que nos pusiera frente a tesoros materiales o espirituales. La madureznos convence de que a pesar de los anuncios de la lotería,nadie se hace rico de la noche al día. Ni rico, ni fuerte, ni sano, ni sabio, ni santo. Que para cualquiera de esas cosas, hay que sudarse la chaqueta.

Los edificios humanos son construcciones que se hacen ladrillo por ladrillo. Los alpinistas sudan paso a paso rumbo a la cima. Los estudiantes se transforman profundamente,aprendiendo primero el silabario, luego las tablas de multiplicación, y por ahí, con perseverancia, hasta llegar a dominar los entresijos de la decodificación del genoma, con todo lo que eso implica. Pero a pesar de lo difícil del camino, de la lentitud de la marcha,de lo limitado de los recursos de los cuales vamos disponiendo a lo largo de nuestro proceso de desarrollo y de lo infinitamente pequeño de los resultados que vamos obteniendo, la integración de esos pequeños resultados produce la obra del gran artista,del gran maestro, del gran político o del gran científico.

Un empresario no es un científico, ni un arquitecto, pero tiene elementos de ambos. Es alguien que tiene la inquietud de observar. Eventualmente descubre una oportunidad y concibe un plan de acción para aprovecharla. De ahí en adelante, se dedica a pastorear diligentemente sus acciones conducentes al resultado. Pero eso es lo mismo que hacen todos los seres humanos cuya acción es eficaz, de manera que podemos afirmar que sin diligencia,Bill Gates no sería Bill Gates, ni el comerciante de la esquina habría logrado levantar su pequeño negocio.

Nos vemos esperando el éxito o estados mejores de conocimiento o de productividad,a veces con la pasividad de quien espera que llueva. Pienso entonces en cuánto nos transformaríamos si en vez de esperar o pedir que venga el éxito, nos cuadráramos dentro de nuestras circunstancias,para empujar con actos imperceptibles su llegada. La diligencia con la cual empuñamos la herramienta y vamos esperanzados aplicándola incesantemente a nuestras circunstancias, producirá los resultados que querríamos ver de la noche a la mañana y que por estar desprovistos de varitas mágicas y de lámparas maravillosas, sabemos que solo veremos después de que pase mucho tiempo. Es cómodo e injusto pedir que venga el Reino, si no arrimamos el hombro para que nuestra acción lo vaya estableciendo en nuestro entorno próximo.

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