Talvez el pesebre

Publicado en La Nación el 20 diciembre, 2004
Categoría: Artículos
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Talvez el pesebre, talvez los pastores que pasaban la noche a la intemperie mueven a pensar en los más débiles entre nosotros. La pobreza es una consecuencia de multitud de causas . Sólo nuestra búsqueda de tranquilizantes para nuestra sensibilidad herida nos pueden llevar a creer que los pobres lo son porque son perezosos o poco ambiciosos. Hoy está muy documentado el hecho de que la falta de nutrición durante la gestación y la primera infancia, tienen consecuencias en el desarrollo neurológico, a través del cual quedará condicionadala capacidad de pensamiento y en el mundo moderno, la productividad.

En ese sentido, la pobreza es hereditaria y se transmite según un perverso círculo vicioso. Con una educación pública deficiente, el nivel de ingreso de las familias determina la calidad de la educaciónescolar que podrán recibir sus hijos, lo cual determina el ingreso y el rendimiento de su educación ulterior. Pero hay cosas menos obvias. Podría pensarse que la familia que se ve a sí misma como “perdedora”,hace que sus hijos salgan al mundo con esa misma actitud. Y ya sabemos que obtener y conservar un empleo no depende solamente de las destrezas personales que se posea, sino de los contactos, del tono emocional y de los rasgos personalesde responsabilidad, aceptación de retos, confianza en sí misma, los cuales estarán muy determinados por la circunstancia de si el hogar se ha sentido parte del tejido social o se ha sentido excluido.

Hoy pocos cuestionan la desigualdad como consecuencia inevitable de la retribución a cada uno según su productividad. Pocos tienenla igualdad de riquezacomoun objetivo. Lahumanidad ha sufrido mucho persiguiendo esa quimera. Pero hemos de reconocer que la exclusión es un síntoma de fracaso social. Vivimos en sociedad, una sociedad de seres humanos,en la cual undesafío implícito es la inclusión. Por eso nos conmovemos cuando una tragedia afecta a algunos. Y nos ponemos en pie de guerra cuando una epidemia amenaza a otros. Y nos dolemos de que la violencia destructiva cause estragos. En esto opera un temor y un reto. El temor es el de que hoy por ti mañana por mí. El reto ético está en la Declaración Universal de Derechos Humanos. La humanidad comparte la convicción de que los seres humanos tienen derecho de desarrollarse hacia su plenitud . Como especie hemos entendido que nos compete a todos liberar al ser humano de lo que lo limita.No se discute que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, ni que “nadie estará sometido a esclavitud … ni a torturas”, como rezan los artículos 3, 4, 5 de la Declaración. La humanidad se afirma y progresa cada vez que emprende acciones para hacer que se cumplan esos principios. Y sentimos vergüenzacuando por negligencia, ignorancia o temor, hemos permitido que tales principios se violen. Solo es cuestión de tiempo que lleguemos a compartir la necesidad de proporcionar a todos una red de seguridad, para que ningún habitante caiga demasiado abajo. Que empecemos a sentirnos tan comprometidos como especie en el cumplimiento del artículo 25, el cual dice que“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

En estos días, no nos culpabilicemos de la abundancia. Tomémosla como un dato, como un indicador de lo que nos falta como sociedad para ejercer una solidaridad fluida, eficaz. Creo que tenemos la sensibilidad suficiente como para querer ser solidarios, pero que no tenemos los medios a nuestra disposición como para que ese espíritu solidario se ponga en acción. El desafío no es pues el de concienciar, sino el de crear una red a través de la cual conozcamos las necesidades y aportemos nuestra ayuda. Algo como una Teletón permanente.La tarea es de ingenieros, no de predicadores. El pesebre es un mensaje suficiente.

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