Lo que hemos aprendido

Publicado en La Nación el 29 noviembre, 2004
Categoría: Aprendizaje
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El final del año, nos pone en contacto con nuestra naturaleza de seres temporales. Vivimos en el tiempo. Vemos hacia delante e imaginamos el futuro. Lo imaginamos o lo postulamos. Postular es pedir. No sé si tengo futuro, pero pido tenerlo, para armar mis planes en torno a eso. Vemos hacia atrás y vemos el pasado. ¿O lo imaginamos? Porque verlo sería verlo como es en realidad, objetivamente. Pero lo vemos con ingredientes imaginativos. Como somos protagonistas de ese pasado, nos concedemos la licencia de subrayar los rasgos que nos gustan de ese protagonista y de difuminar los que no nos gustan. Se dice que hay anestésicos naturales. Cuando nos hacemos una herida, durante un buen rato no sentimos el dolor. Con nuestras memorias posiblemente ocurra algo semejante. A no ser que seamos masoquistas, hay anestésicos naturales que liman las asperezas de las memorias. Por eso todo tiempo pasado parece mejor.

Dedicamos el año a distintas actividades: formamos parte de una empresa – de negocios, profesional, académica- , desarrollamos actividades por cuenta propia, estudiamos, enseñamos, participamos en actividades voluntarias de servicio. El trabajar es un proceso dinámico. El trabajo que hacemos, nos modifica, de manera que si tenemos que volverlo a hacer, ya no somos los mismos y el trabajo saldrá mejor, si es que la modificación que hemos sufrido ha sido desarrollante. Enfrentarse a cosas nuevas, nos desarrolla más que repetir cosas consabidas.

Enfrentarse a cosas difíciles, nos desarrolla emocionalmente: vamos ampliando el alcance de aquello de lo que nos sentimos capaces, porque si pudimos hacer lo que en su momento nos parecía tan difícil, nos reconocemos capaces de enfrentar cosas por lo menos tan complejas.Esa es una de las ganancias que se derivan de enfrentar pruebas difíciles –retos, trabajos, encargos o exámenes- . Si tenemos éxito en esas pruebas,tenemos derecho a apuntarnos eso en nuestro álbum de recuerdos y eso se convierte en una referencia, en una marca.

Al acercarse el final del año, es interesante preguntarsequé hemos logrado con nuestro esfuerzo. Un chico podría decir que aprobó su cuarto año. Un vendedor, que logró vender tantos millones. Un médico, que atendió a tantos pacientes. Un profesor, que dictó tantas lecciones. Pero todas esas medidas son insuficientes. Las personas somos fenómenos tan ricos que reducirlas a esas variables es mutilarlas.

¿Sentimos que desarrollamos nuevas destrezas? ¿Adquirimos conceptos de alto potencial?Saber cuántos kilómetros mide el río Amazonas, no tiene gran impacto en nuestra vida. Haber reconocido que tenemos la tendencia a culpar a otros por resultados que son de nuestra exclusiva responsabilidad, nos modifica para siempre. ¿Mejoró nuestra inteligencia emocional?¿Somos ahora más capaces de establecer intercambios productivos y mutuamente satisfactorios con quienes nos relacionamos? ¿Aprendimos a aprovechar mejor el tiempo? ¿Soñamos cuando había que soñar e hicimos cuando había que hacer? ¿Manejamos mejor los riesgos? ¿Nos hicimos un poco más realistas? ¿Aprendimos a sacrificar un poco de nuestra comodidad para ser más eficaces? ¿Adquirimos más claridad en cuanto a lo que queremos lograr? ¿Nos vimos más como seres humanos integrales y menos como productores o consumidores?

Que esas preguntas no nos lleven a la culpabilización. Nos haya ido como nos haya ido, ahí está la página en blanco del año entrante, para explorar, intentar, emprender. Que tampoco nos lleven a la complacencia. Podríamos haber obtenido más logros o de mejor calidad. Como el año que termina no es el fin del camino, la marcha sigue. El reto permanece. Asumámoslo con deportividad.

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